jueves, 24 de noviembre de 2011

Un pedazo de mar




Aromas de mar entran por la ventana, y despiertan mis sentidos. Tu cuerpo desnudo tapado ligeramente por la sábana blanca del hotel. Me levanto despacio de la cama, no quiero despertarte. Me acerco a la ventana y respiro profundamente, dejo que el aire salino invada mis pulmones, y yo le devuelvo el aire contaminado de mi pecho. Sé que no se va a quejar por este cambio, y me lo hace saber con el murmullo de las olas sobre la arena. Contempló como el sol va saliendo de su frontera marina, para colocarse  en el cielo como el rey que es. Me giro lentamente y te observo, no encuentro diferencia alguna entre lo hermoso que acabo de ver y lo que veo tumbado en la cama, es como si aquellas imágenes se condensaran en tu figura. Me acerco a ti, tu estás de espaldas, toco tu pelo suave que se escapa entre mis dedos como la arena de la playa. Bajo mi mano hacia tu cuello notando tu piel caliente y sedosa, te aprieto suavemente, no quiero que te despiertes pero si me gustaría saber que estás soñando con el solo contacto de mis dedos. Las desplazó hacia los hombros mientras acerco mis labios a tu cuello y te doy un ligero beso. Me retiro y te sigo tocando, mientras paso mi lengua por mis labios donde se ha quedado el gusto salado de tu cuerpo. Te toco con delicadeza para que en tu sueño notes mágicas sábanas sedosas rozando tu figura. Toco tu espalda como pianista que toca una gran melodía, en el piano más perfecto que ha existido. Dejó de tocar te  y miró debajo de la sabana que  tapa la parte inferior de tu cuerpo. La visión que tengo me deja embelesado, comparó tu cuerpo desnudo con las dunas del desierto de Arabia. Una brisa entra por la ventana y tu piel se estremece mientras tu cuerpo se acurruca, vuelvo a taparte y me alejo de tu lado acercándome a la ventana y mirando hacia fuera pensando que gracias dioses de la mar, por dejarme compartir un trozo de vuestra grandeza, pues lo que tengo a mi lado es una parte que os he robado y que no pienso devolveros jamás, y diciendo esto cierro la ventana y me vuelvo a costar a tu lado.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

El lado oscuro y la conciencia



La persiana estaba bajada, por las pequeñas ranuras entraba la luz de la luna. Alargaba la mano para poder tocarla, pensando que eran barras sólidas de plata que podrían ser arrancadas, pero no era así, pues se escapaban de entre mis dedos cada vez que intentaba cogerlas. Sentado en aquella silla, mis remordimientos cada vez eran peores, dentro de mi cabeza se libraba una batalla de pensamientos. Una voz que salía de lo más profundo de mí ser me decía que no me moviera, que dejara todo como estaba, que no me olvidara del lío donde me metería si lo contaba. Esta voz me tranquilizaba y cada vez que la oía una sonrisa surgía en mi rostro. El problema no era ella sino la otra voz que también oía y que se hacía llamar conciencia. Esta me decía que no me quedara callado, que por lo menos ella, merecía saberlo. Algo me extrajo de mi mundo de palabras, pues extraños ruidos surgían de detrás de la puerta, al principio eran pequeños golpes, pero estos golpes iban aumentando, mi corazón se aceleraba, ¿quién sería?, ¿me habrían descubierto?. Tenía que hacer algo y rápido. Y sabía muy bien que era, terminar con mi debate antes que aquellos golpes, se convirtieran en algo material que entrara en la habitación. Me levanté de la silla y empecé a dar vueltas por la habitación, aquellos ruidos me estaban volviendo loco. Dando vueltas como un animal enjaulado, vi encima de la mesa una nota, me acerque a ella sabía que la había visto muchas veces, pero quise leerla una vez más. El volver a tenerla en mis manos, y echarle un vistazo, me hizo tomar la decisión que hasta entonces como un cobarde había querido ocultar, en lo más profundo de mi caverna mental. Entre en la habitación en la que estabas tú y me dirigí hacia ti, te lo iba a contar todo, antes de que aquellos golpes me lo impidieran. La habitación estaba a oscuras, pero por una pequeña abertura entraba la luna, que iluminaba tu rostro pálido, tumbado en la cama. Aquel rostro era hermoso, aunque el color ya lo había abandonado hace tiempo. Me arrodille a tu lado y te cogí la mano, estaba fría, pero no me importo. Acerque mí cara a tu oído, tenía que dejar fluir las palabras, romper el dique que las taponaban, ya que no aguantaba más y empecé a susurrártelas:

Perdóname no quise hacerlo, la luna me obligó a matarla, no digas nada, tu no la conoces, pero su sola presencia me volvía loco, no digas nada sé que me lo vas a recriminar, sé que me vas a decir que quitar la vida a alguien no es la manera de solucionar las cosas, lo sé pero ya no aguantaba más, sé que no me vas a perdonar y tampoco lo busco, solo quiero contártelo. Quiero estar tranquilo y que tú lo sepas, no pienses que tenía un romance con ella solo éramos conocidos, que no podían convivir, pero que estaban obligados hacerlo, solo te digo una cosa, y espero que me creas, te quiero, después de lo que hecho”.
Los ruidos se convirtieron en golpes y los golpes en estruendo. Dos figuras uniformadas tiraron la puerta, y se dirigieron a la habitación donde nos encontrábamos. La escena que vieron les resultó aterradora a la vez que dantesca. Tumbada en la cama se encontraba el cuerpo de una mujer que debería llevar tiempo muerta pues ya se veían en su cuerpo rastros de putrefacción, arrodillado a su lado la figura de un hombre, dándole un beso en la mejilla. Una de las figuras se acercó y cogiéndole por debajo del brazo le obligó a levantarse. Le miro a los ojos e iba a decirle algo, pero no merecía la pena, pudo observar en sus ojos no estaba en aquel mundo, en aquel cuerpo.

Aquellos golpes que se habían convertido en algo material, me sacaban de la habitación, donde tú te encontrabas, una sonrisa se dibujó en mi rostro, y aunque mi conciencia había ganado y te había contado lo que había sucedido, mi lado oscuro y tenebroso me decía:

Ella ya lo sabe, pero nunca más se levantara de esa cama, perdimos una batalla, con nuestra conciencia, pero habrá mil guerras por ahí que librar y yo te ayudaré en ellas”.

Una gran risa surgió de mi garganta que heló la sangre, de las dos personas que me sacaban de allí. Los rayos de la luna, iluminaron mi rostro, lleno de arañazos producto de la pelea entre mi lado oscuro y mi conciencia.  

sábado, 9 de julio de 2011

Poesía en tu boca



La luz que entraba por la ventana era tenue. Tú te encontrabas frente a mí, tus ojos tenían un resplandor especial, mientras recitabas poemas que leías de Internet, no sabía lo que pensar de la escena, pero me parecía hermosa, como si un aura cubriera tu cuerpo e iluminara la habitación. Tu cabello negro, tus hombros al descubierto y tus labios moviéndose de forma rítmica sacando palabras que no eran tuyas pero que encajaban perfectamente, en tus labios. Tus ojos no se apartaban de la pantalla igual que los míos no se quitaban de ti. Cuando terminaste de leer, levantaste la mirada y me miraste con orgullo pues aquellas palabras eran dulces y tiernas, y despertaban en ti sentimientos olvidados pero que seguían escondidos en lo profundo de tú memoria. A tu espalda se encontraba la chimenea y maldecía que no fuera invierno, para que esta estuviera encendida, y que después de leer aquellas palabras necesitarás abrazarte a mí y poder sentir tu cuerpo entre mis brazos, en un intento de entrar en calor mientras las palabras leídas retumbaban en nuestro cerebro, y nos mirábamos con deseo y terminábamos haciendo el amor frente a la lumbre encendida. Aquello no podría ser, aunque mi imaginación volará más lejos de las estaciones, pues era verano y ante la naturaleza uno no puede pelear. Bajaste la mirada y continuaste recitándome poemas, mientras yo te miraba. Detrás de ti ya no había una chimenea sino un campo cubierto de flores y unas hermosas aves cantando. Borre aquella imagen de mi cabeza pues me pareció una escena de cuento de hadas, bonita sí pero demasiado pomposa. Intente imaginarme con muchos fondos que cuadraran con la escena, pero no encontré ninguno que se ajustará, hasta que me di cuenta de que no era necesario seguir buscando pues lo tenía ante mí. Era la chimenea, que aunque fuera un objeto del invierno seguía siendo la imagen más hermosa aunque hiciera calor. Y pasó el tiempo mientras tú seguías leyendo y yo te escuchaba, como si fueras un juglar recitándome sus poemas que llenaban tanto mi cuerpo como mi alma. Y el tiempo fue pasando y la noche invadió la habitación, levantaste los ojos del monitor y mirándome me dijiste creo que es hora de cenar no te parece, así que lo apagaste y te dirigiste a la cocina. Yo seguí perdido en mis fantasías y no me di cuenta de que te habías levantado y con voz que parecía salida del fondo del corazón, pensando que te tenía delante dije: Por favor, léeme una poesía más.........

jueves, 30 de junio de 2011

Nostalgia



 Me he despertado nostálgico. Tumbado en la cama me puse a pensar en todas las mujeres que habían pasado por mi vida. Mire al techo blanco y frió de la habitación intentando hacer una lista mental de todas ellas. Al principio la lista parecía larga, pero luego se fue reduciendo a una sola persona. Por mucho que intentaba pensar en otras, siempre salía ella, como la primera de mi lista. Comencé a recordar cosas que ya creía olvidadas y almacenadas en mi baúl de recuerdos y los empecé a ordenar. Su cuerpo, me recordaba a las estatuas griegas que había visto en libros de historia, su pelo liso y negro se me escapaba entre mis dedos, mientras yo lo tocaba con delicadeza quedándose este tacto memorizada en las yemas de mis dedos. Recuerdo su cuerpo cálido entre mis brazos, sus labios carnosos rozando con los míos cuando nos besábamos con pasión. Su sonrisa, sus gestos, sus payasadas deliciosas que siempre me hacían surgir una sonrisa. Porque pienso en ello si ya ha pasado el tiempo, será porque lo tengo almacenado en la superficie de mis recuerdos. La respuesta es sencilla, y es que nunca la quise olvidar, la deje en la corteza para que al primer momento que pensara en mis amores surgiera ella como un corcho que intentas hundir pero que sabes que saldrá a flote. Moví la cabeza rápidamente como una coctelera para que se aclararan en mi mente estos recuerdos, pero lo único que conseguí fue mezclarlos y crearme confusión. Me incorpore en la cama, pues este desorden mental me creo ansiedad, mire al espejo, que se encontraba frente a mí. Allí estaba mi calva, mis pelos blancos por los lados y mis arrugas de mil años vividos, reflejados en mi rostro. A mi lado estaba una mujer mayor, que me miraba con los ojos llenos de lágrimas, no sabía quién era, pero sabía que la quería, se incorporó conmigo y girándose me beso en la mejilla, me hizo apoyar la cabeza sobre la almohada y me cantó una canción que me sonaba, pero que mi mente no conocía. Sabía que había recordado algo, pero en aquel instante lo único que llenaba mi cabeza era aquella mujer anciana que me amaba y eso solo me bastaba para poder dormir de nuevo. Había tenido nostalgia pero no sabía de qué y me perdí en los brazos del sueño del olvido.


miércoles, 29 de junio de 2011

Tu Ventana




Perdido en mis pensamientos y en mi rutina diaria me encontraba deambulando por la calle sin rumbo fijo, no sabía dónde iba ni tampoco donde mis pies me llevarían así que me deje llevar por estos, hasta que me di cuenta de que estaba en tu calle. El corazón se me aceleró, sabía que podías estar asomada a la ventana, y pequeñas gotas de sudor que hasta entonces no habían salido empezaron a asomarse por mi frente. Como un resorte mi cuerpo medio curvado se puso erguido y mis pies que caminaban hacia fuera como los de un pingüino se pusieron rectos. Mis manos sudorosas se escondieron en mis bolsillos y mis ojos tímidamente se dirigieron hacia tu ventana para ver si allí te encontrabas. Mi paso se volvió seguro y firme como el de un militar desfilando el día de la fiesta nacional, una sonrisa me surgió al darme cuenta de lo que estaba haciendo, decidí que aquello no era natural en mí, entonces me relaje e intente ser yo mismo. Levante la vista y allí te encontrabas, brillante como siempre, con tu pelo negro,  con tus labios sensuales y carnosos, con tu figura que me volvía loco. Llevabas una camiseta de tirantes, y dejabas que el aire jugará con tu pelo, pensé en ese instante quien fuera aire para poder tocarlo, para rozar tus labios y colarse por es camiseta para tocar tu cuerpo dulce y suave. Quería que te fijaras en mí, que tus ojos me miraran, deseando que algo sucediera, que en ese instante una anciana estuviera en peligro y yo correr a rescatarla para que me vieras hacer una acción heroica, pero como siempre no sucedía nada. Continué caminando esperando que me miraras que tus ojos aunque fueran por un instante se posaran en mi cara o que por lo menos vieras mi nuca mientras me alejaba. Mirando al frente sin querer mirar hacia ti pase por delante, imaginando que pensabas quien seria aquel chico interesante. Por fuera podría parecer un hombre seguro de mí mismo, pero por dentro estaba temblando, inseguro y parecía un niñato que quería llamar la atención de una princesa siendo un simple vagabundo. Sabía que podía estar haciendo el ridículo pero no me importaba, solo quería una mirada tuya. Cuando por fin hube pasado gire la cabeza para ver si me mirabas, pero o sorpresa mía desde detrás de las cortinas salió el cogiéndote por la cintura y dando te un beso en el cuello tú te volviste y le diste uno en los labios. Mi mundo de fantasía se derrumbó y aquel cuerpo altivo y seguro se encorvó y mis pies se abrieron y empecé a caminar como Chaplin en alguna de sus películas. Una gran tristeza nubló mis pensamientos y estuve a punto de ponerme a llorar. De repente un pensamiento cruzó mi mente, y una sonrisa se dibujó en mi rostro, la calle siempre estaría allí, igual que tu ventana, igual que tu casa ya que esas son cosas fijas e inamovibles, así que tú siempre estarías allí mirando por la ventana y yo siempre pasaría esperando verte y que tu te fijaras en mí, esperando hacer algo que llamará tu atención. Mañana será otro día, deseando que por fin te fijes en mí.


Soy una gota



Soy la gota de agua que cae en tu cabeza, recorre tu frente suave y se desliza por tu mejilla sonrojada, roza tus labios carnosos, camina por tu cuello, deseando poder besarlo, se desplaza por tu pecho, como un nómada entre las dunas, roza tu ombligo, se desplaza por tu sexo intentando sacarte un suspiro, cae por tus piernas rozándolas suavemente llegando a tus pies y perdiéndose entre tus dedos. Soy la gota que desaparece por el desagüe, que navega por las tuberías, que llegan al mar, que pide al sol que la evapore para poder ser nube, que busca otras nubes para hacer una tormenta para caer de nuevo como gota de agua y rozar de nuevo tu cuerpo el cual anhelo y deseo. Sé que un día tu lengua me cogerá y entonces me absorberás y entonces seré completo pues ya no solamente rozaré tu piel sino que estaré dentro de ti, seré parte de tu agua. Sé que algún día volverá a salir de tu cuerpo y seré de nuevo una gota que caerá por tu frente, que se deslizara por tu mejilla.........


La locura y la sabiduria


Cuenta la leyenda, que la locura decidió un día visitar la tierra. Su hermana la sabiduría le dijo que lo hiciera, ya que la locura estaba triste pues pensaba que ella era la responsable todos los males que en ella reinaban. Bajo a la tierra con forma de viento para poder desplazarse y no dejar ni un lugar que visitar. Viajo, viajo y observó al hombre durante días y volvió a su reino, con una sonrisa en la cara. La sabiduría le preguntó por su alegría y esta le respondió: “ Yo pensaba que mi presencia hacia que el hombre hiciera cosas malas, pero me di cuenta de que inspiró al artista, al cineasta, al idealista... llaman loco al que quiere cambiar las cosas, al que aporta novedades, al que propone teorías de cambiar la sociedad, la gente hace locuras por amor. Sé que tengo mi lado oscuro y que si se me utiliza demasiado puedo ser perjudicial, no seré perfecta, pero soy el complemento que el hombre necesita”. La sabiduría le miró con una sonrisa y cogiéndola de la mano le dijo: “Somos hermanas y creo que eso lo dice todo”.


Humo




Me encuentro tumbado en la cama, a mi izquierda un cenicero con medio cigarro a consumir junto a un vaso de whisky. Enciendo el portátil, necesito escribir, dejar que mi mente se libere, poner letra tras letra y que estas letras hagan una palabra y que estas palabras hagan una frase con sentido. Miro a mi izquierda buscando el vaso para dar otro trago, el humo que sale del cenicero tiene forma de mujer, por lo menos es lo que mis ojos quieren ver. Observó como la figura de niebla se acerca a mí, en ese momento pienso si me estaré volviendo loco o el alcohol consumido ya está llegando a mi cerebro y nublan mi razón, haciéndome ver aquella figura femenina que se encuentra frente a mí. La silueta acerca una mano a mi cara y me toca y noto como todos los pelos se me erizan. No siento miedo solo calidez, su cara se va dibujando y veo un hermoso rostro que acerca sus labios a los míos. No sé si besar el humo, ya que tengo miedo de que desaparezca, pues el solo roce de mis labios puede hacer que se diluya. Antes de poder reaccionar un soplo de aire entra por la ventana y esta se desvanece. Maldito aire que me sirves para respirar pero que borraste mi figura de humo. Me quedo quieto, pensando si tendría que escribir sobre esto, no lo hago apago el ordenador, me tumbo en la cama y pienso que mañana será otro día.

Soy un cuadro olvidado




Soy un cuadro mal pintado, cuyo autor empezó a crear y lo dejo olvidado. Soy una idea que no tiene forma. Soy un retrato que necesita ser acabado, para poder ser expuesto u olvidado en un rincón, pero teniendo la certeza de que mi forma esta completa. Mi creador me empezó a pintar, pues creía en mí. Pasaba el tiempo mientras sus manos trabajaban, pero cuando más me miraba menos le gustaba, no conseguía plasmar lo que quería y cada vez me alejaba más de la forma deseada. Yo intentaba cualquier cosa para llamar su atención. Por las noches cuando me dejaba en un rincón yo me movía sigilosamente buscando un lugar donde la luz me reflejara nuevos colores que atrajeran su atención. No lo conseguía. Veía como poco a poco me dejaba de lado y comenzaba otros cuadros, en los cuales plasmaba toda su pasión. Yo mientras tanto en mi rincón veía la escena con tristeza, pensando que si no me movía de allí un día se fijaría en mí. Esto no sucedía y el polvo se acumulaba sobre mis esquinas, sobre mis trazos de pintura y la tristeza me envolvía, haciendo que los colores vivos que tenía en un principio se fueran apagando. Una mañana se acercó y pensé que por fin estaba en su mente, más equivocado no podía estar pues se aproximaba con pinceles en la mano con colores diferentes a los míos, entonces me di cuenta, iba a utilizarme para pintar otro cuadro. Quería huir pero no podía, algo tenía que hacer para que no me tocara, para no quedar olvidado bajo la forma de otra pintura. Un ruido llamó su atención y me deje caer al suelo duro y frío de la habitación. Hice un gran estruendo y uno de mis lados se rompió lo cual me salvo ya no era un cuadro útil. Me recogió del suelo me miro y le di asco pues si mi forma ya no le gustaba además estaba roto. Con un gesto me llevo a la habitación de los cuadros no acabados y mal pintados y allí me dejo olvidado en la oscuridad de aquel lugar. Desde la penumbra que me envuelve sigo deseando que algún día se acuerde de mí, que piense que yo fui su creación. 
Soy un cuadro mal pintado, cuyo autor olvido en un rincón.

Quiero que vengas




Aquella noche había sido dura, mi cuerpo y mi mente, por primera vez en mucho tiempo se habían puesto de acuerdo en un mismo fin, querían llegar a casa y meterse en la cama. Normalmente, mi cuerpo dice “abre la nevera y come algo ”, mi mente por el contrario me dice “acuéstate y vive ”, siempre ganaba mi cuerpo pero aquella noche, misteriosamente no fue así y quería meterme entre las sábanas y dormir plácidamente.
Era una noche cerrada, de esas que te recuerdan a una película de terror. Me vino a la cabeza el hombre lobo y mire por la ventanilla a ver si se veía la luna, pero no se encontraba allí, mientras la buscaba, tome una de las curvas de la autovía, que casi me conocía de memoria, eran muchos años pasando por el mismo lugar.  De repente y como salido de lo más profundo de mi mente tuve un oscuro presentimiento, mire hacia el lado contrario y de repente de la nada vi un relámpago, un fogonazo que parecía que me envolvía, cerré los ojos y cuando los abrí allí no había nada solo oscuridad.
¿Qué había visto?, no lo sabía, mi corazón se había encogido y quería salir corriendo, y casi lo hace, cuando de repente empezó a sonar la radio. Di un salto pequeño en el coche y casi pierdo el control de este. Mi mente se puso en marcha, como un ordenador buscando mil respuestas que podrían aclarar aquello. En segundo llegue a la siguiente conclusión. La luz había sido el resplandor de los faros de otro coche, la radio siempre había estado puesta el problema es que no la había estado escuchando, pero siempre había estado allí. 
Aunque había encontrado explicaciones a lo sucedido un escalofrío recorría todo mi cuerpo y puse la calefacción del automóvil. La sensación de frío empezó a desaparecer cuando me encontraba cerca de casa. Deje el coche en el garaje, sin poder olvidar lo sucedido y preguntarme aún qué había pasado. Mi cabeza siempre le da vueltas a todo, sino fuera así supongo que la idea de lo sucedido ya habría desaparecido.
Abrí la puerta  y directamente y me dirigí a la cama. Por una vez que cuerpo y mente estaban de acuerdo, no iba a desaprovechar esta circunstancia, así que cerré los ojos y entré en la dimensión de los sueños.
No sé que hora era, ni tampoco me importaba, pero el móvil que tenía en la mesita empezó a sonar. Lo primero que pensé, quién será el cretino que me estaba llamando. Todas las personas que conozco, y son pocas, sabían que tenía un trabajo nocturno. Sería la misma mierda de siempre bancos, seguros, telefonía móvil…….. , pensé no cogerlo. El móvil sonaba y sonaba y parecía que no quería parar, esta insistencia me obligó a cogerlo sin mirar quien me llamaba.
-¿Dígame?
Dije con una voz mezclada entre el sueño y toda la mala educación que podía poner en mi tono de voz.
No contestó nadie
-¿Dígame?
Volví a repetir de manera más grosera.
- Javi- sonó una voz suave al otro lado.
-Si-respondí calmadamente, aquella voz, por algún motivo extraño me hizo callar de inmediato, todas las maldiciones que iba a decir.
- Soy Pedro, ¿podrías venir a mi casa?
Estaba desorientado, no sé si por el sueño, ni porque me estaba llamando a alguien que casi no conocía. En diez años que trabajaba con él, solamente había ido una vez a su casa, y fue por compromiso, ayudarlo en la mudanza.
-No te habrás equivocado de persona- pregunte.
Se hizo un silencio sepulcral
-Necesito que vengas están sucediendo cosas extrañas en mi casa y pienso que tú puedes ayudarme.
Ya empezamos con las bromas. En el trabajo todo el mundo sabe que me gusta el mundo de lo paranormal, y ya me estaban cansando este tipo de burlas.
-Ya lo sé, los objetos se mueven de forma involuntaria, has visto el fantasma de tu mascota….
No pude continuar con la ironía, la voz desde el otro lado me cortó de manera tajante.
-Quiero que vengas te necesito, tú eres el único que puede ayudarme.
Aquellas palabras imperativas y casi demoníacas me hicieron ponerme erguido en la cama y decirle:
-En media hora estoy ahí
Todo transcurrió rápido, más rápido de lo que yo habría deseado, no me dio tiempo a pensar. Me levanté me puse la ropa y me dirigí al garaje. Cuando entre en el coche y sólo en ese instante pensé, ¿qué estoy haciendo? He reaccionado como un soldado antes las órdenes de un superior, en una de esas misiones de que busca voluntario, pero tú no quieres ser el elegido, pero no tienes razones para decir que no. Este pensamiento desapareció igual que surgió y arranque el coche y me dirigí a casa de Pedro.
Mi mente comenzó a pensar, sobre lo que estaba haciendo, pero la voz de Pedro empezó a repetirse en mi cabeza ocultando cualquier otra idea. Se repetían de forma constante y casi hipnóticas y decían de modo repetitivo, quiero que vengas, quiero que vengas, quiero que vengas,…… no podía borrarlas de mi cabeza y se  clavaban en lo más profundo de mi mente.
Aparque el coche y me encamine a su casa, no me acordaba cual era, pero mis pies me dirigieron hacia un patio blanco que estaba a la derecha de mí. Allí me encontraba parado sin acordarme de la puerta que era. Me quede quieto, inmóvil como una estatua delante de aquel patio  hipnótico del cual no podía apartar la vista. Del fondo del patio empezó a aparecer la figura de una mujer anciana que se dirigía hacia mí. 
Todo me parecía tan extraño, pero no podía darme media vuelta y salir corriendo de allí alguna fuerza me obligaba a quedarme quieto.
Se acercó a la puerta y retirándose hacia atrás dijo:
-Entra joven te está esperando- dijo con voz dulce.
Me está esperando. Cómo sabía aquella anciana por lo que yo había venido. De forma estúpida pregunte:
-Perdone señora, ¿quién me está esperando?
-Tu compañero
Aquellas palabras me llenaron de terror, ¿qué estaba ocurriendo?, en lo que tarde en salir de mi estado de pánico y en un parpadeo aquella mujer había desaparecido.
Era el momento de salir corriendo, pero la voz de Pedro empezó a resonar otra vez en mi cabeza y con más fuerza y repetía quiero que vengas, quiero que vengas…….
Las palabras que resonaban en mi mente me obligaban a seguir sin darme opción a darme la vuelta.
Sin control sobre mí, me arrastraban como una fuerza misteriosa que  me dirigí hacia la escalera, empecé a subir.
 Me acordaba que vivía en el quinto piso, lo único que recordaba de mi fugaz visita aquel día. Llegue a su rellano. Me di cuenta de un detalle extraño, no estaba cansado ni ahogado por mi culpa de mi adicción al tabaco. No le di importancia.
No me acordaba de la puerta en la que vivía, mire hacia los dos lados, primero al izquierdo y luego al derecho, al final del pasillo había una puerta abierta.
Me dirigí hacia ella, el pánico me dominaba, pero de repente surgió un sentimiento de curiosidad, tenía que entrar y aclara todo lo que estaba pasando.
De forma cautelosa me acerque, pensando que en cualquier momento algo saldría de las puertas cerradas para arrastrarme y no volver a ver la luz jamás, pero no fue así. Mi camino estaba hecho y tenía que entrar allí.
La empuje y  se abrió  haciendo un ruido suave, incluso podría decir dulce. El recibidor era tal como lo recordaba pequeño y claustrofóbico, algo que e recordé de forma graciosa a su dueño, comentario no le gusto en su momento. Enfrente se encontraba la puerta del comedor abierta de par en par y al fondo de la habitación se encontraba la televisión encendida.
Mi voz temblorosa dijo:
-¿Hay alguien ahí?
Recibí el silencio por respuesta.
Volví a insistir:
-Pedro estás en casa, soy Javi he venido a ayudarte
Silencio
El miedo oculto la curiosidad y quería salir de allí como alma que lleva el diablo, pero algo que no puedo explicar, me obligó a girarme hacia el aparato encendido que se encontraba al fondo del comedor.
Me acerque tembloroso. Cuando estuve lo suficientemente cerca, una noticia surgió de la televisión, dándome una patada en la cara de realidad.
Esta Madrugada– dijo la locutora con voz dramática característica de las noticias- se ha producido un accidente en la autovía. El conductor Pedro F.M. fue arrollado por otro vehículo, cuando este se encontraba en la cuneta por un pinchazo en la rueda derecha posterior del coche…..”
El corazón me dio un vuelco si Pedro había fallecido ¿quién me había llamado por teléfono?
Salí corriendo necesitaba echarme agua a la cara y despertar de aquella pesadilla, me dirigí al cuarto de baño que se encontraba enfrente, abrí el grifo y empecé a echarme agua en la cara: El agua estaba hirviendo pero no me importo yo solo quería despertar. El vapor se iba acumulando en el espejo. Levante la cabeza para mirarme pero no pude, una densa capa de vapor envolvía el cristal. Levante la mano para apartarla, pero de súbito empezaron a dibujarse unas letras que decían:
Quiero que vengas”
Me tiré hacia atrás totalmente asustado, ningún musculo de mi cuerpo reaccionaba sólo sentía terror como nunca había tenido.
Me estaba volviendo loco, así que con la poca cordura que me quedaba salí de allí gritando dirigiéndome hacia la puerta como una persona totalmente trastornada seguida por una jauría humana de gente cuerda.
Se cerró de golpe, dejándome encerrado en la pesadilla en la que me encontraba.
Mi horror fue mayor cuando vi la figura de Pedro, plantada delante de mí, pálida como el mármol. En sus ojos no había vida.
Aquella figura  levantó lentamente la mano y me señalo una dirección gire la cabeza. Allí se encontraba la televisión, continuando con la noticia que había dejado a mitad.
El conductor del otro vehículo que produjo el accidente Javi M. C.-estuve a punto de desmayarme al oír la noticia-también falleció ya que tras el atropello perdió el control del coche y choco contra la mediana…….”
Esas fueron las últimas palabras que oí antes de que Pedro pusiera su mano fría sobre mi hombro y dijera:
Quiero que vengas”