lunes, 30 de abril de 2012

El amo



                                       

Estaba terminado mi jornada laboral, cuando oí unos pasos que se acercaban. No me hizo falta girarme para reconocer a la persona que sigilosamente se aproximaba. Me gire lentamente y puse la mejor cara de agobio y cansancio que me salio del alma. Delante mío con porte de aquel que se cree que está por encima de uno, se encontraba mi jefe. Se aproximó y en un tono de voz imperativa me dijo:

-Lo siento, pero hoy te tocará hacer horas extras.

No podía creerlo me había pasado todo el día delante de aquel ordenador, sacando balances y cuentas sin poder ir al servicio a hacer una meada, tenía que revelarme y poner las cosas claras no quería que aquel personaje con aires de superioridad, se saliera con la suya.

-Solo le voy a decir una cosa.

Me tire hacia atrás en mi silla, y clavé mi mirada en sus ojos para poder empequeñecerlo lo máximo posible aunque sabía que era improbable.

-En esta vida uno trabaja para vivir y no vive para trabajar.

Y dicho esto y viendo que había cumplido mi jornada me levanté de la silla y lentamente abandone la oficina mientras sentía como unos ojos inyectados en odio se clavaban en mi espalda.

Pasaron los años desde que aquella pequeña batalla fue ganada por un humilde oficinista, ante el gran jefe blanco de la oficina.
Como si los astros se hubieran alineado en una extraña combinación se dio la misma circunstancia que años atrás había sucedido.
Mi jornada estaba a punto de terminar cuando mi jefe se acercó y con una gran sonrisa en la cara, como aquel que se cree vencedor antes de empezar el combate me dijo:

-Te toca quedarte hacer horas extras, ¿Tienes algo que añadir?

Estaba vencido, solo pude decir:

-Hubo un día que le dije que yo trabajaba para vivir, pero hoy en día uno trabaja para sobrevivir.

Note en su mirada el odio almacenado durante años, pero en el fondo vi una chispa, estaba claro que aquello no había sido todo.

-Que equivocado estas, ya solo no trabajas para sobrevivir ahora vives para trabajar, por cierto a partir de mañana tu sueldo se reducirá un 20 por ciento, cosa de la crisis ¿algún problema?

Mi odio crecía en mi interior, tenía ganas de mandarlo todo a la mierda, pero sabía que no era posible la situación económica del país no permitía dejar un trabajo aunque fuera una absoluta basura.
Así que mirándole a los ojos y humillándome como un gusano, respondí:

-Si, mi amo.

Y dándome la vuelta continué escribiendo en mi ordenador sabiendo que aquella mesa era mi condena, por vivir en una sociedad como aquella.