jueves, 19 de diciembre de 2013

Sabanas de Habitación

                
         Abandonas mi cama como un fantasma en la noche, mientras observo como te pones la ropa lentamente, sin saber que te estoy mirando. La escena me excita y empiezo a tocarme, baja las sabanas blancas, que aun conservaban el olor de una noche de pasión. Primero te pones el tanga, lentamente, rozando tu piel blanca y suave que hace un momento había estado entre mis manos.    
Buscas las medias que habían sido lanzadas, con fuerza perdiéndose en lo oscuro de la habitación.  Tanteando despacio para no despertarme las encuentras, las observas y las tiras al suelo, están rotas lo sé, las rompí con mis dientes para llegar al dulce olor de tu cuerpo, de tu sexo. Me miras y te ríes, sabes lo que había pasado y un escalofrío recorre tu cuerpo recordando mi lengua en tu cueva profunda, sueltas un suspiro y sigues buscando.  Encuentras tu vestido rojo tirado sobre la silla, te lo pones, mientras mis ojos se clavan en tu figura paradisíaca, tus piernas largas y aterciopeladas, que llegan a tus senos perfectos, ahora recuerdo que no llevabas sujetador, que el vestido era tan ceñido que casi tus pechos pedían ser tocados, lamidos, suavizados por mi lengua áspera y húmeda, antes de que abandonaran su hermoso envoltorio.Te acercas a la cama, para darme el último beso de despedida, te das cuenta de que estoy despierto y que mi mano mueve las sabanas, rozas con los labios mi mejilla, besas las arrugas de mi frente, das dos pasos para atrás y mirando hacia la cama me dices:

-Lo de anoche fue hermoso, pero creo que nunca se repetirá, dejémoslo como un dulce sueño, de aquellos que saben volar.


                              Y dicho esto abandonó la habitación de aquel hotel de mala muerte, no me molestaron tus palabras, y tu adiós fue el más hermosas que nunca pude recibir,. Deje de tocarme al instante y me puse a oler la habitación esperando que aun estuviera allí tu esencia, pero ya no quedaba nada, salvo las imagines de dos figuras que saben volar, sin ataduras.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Ruido

                                              
                         Siempre  que puedo huyo de la gran ciudad, buscando un lugar tranquilo, alejado y distante de la realidad. En el campo tengo un lugar que me sirve para olvidarme del humo de los coches y de la contaminación acústica, esa que todos sabemos que esta pero que nos negamos a oír. Me siento y lo preparo todo para estar relajado. Mi silla cómoda, mi paquete de tabaco, mi bebida favorita, buena música de fondo y una buena vista.  Una vez todo preparado ya me puedo relajar, bueno eso pensaba yo hasta que comenzó el espectáculo. Al principio era un ruido lejano, como tambores de guerra que se iban acercando, cuando quise darme cuenta ya tenía al lado al típico joven con sus altavoces a todo volumen, oyendo algo que él considera música pero para mi solo es ruido enlatado, para tener un efecto óptico bajo las luces de neón.  Para su coche, no le puedo decir nada la música es libre y vuela donde quiere, sin limites y sin preguntar si quien la escucha quiere oír aquella notas infernales. Me mira con desprecio, en sus ojos se ve la arrogancia de la juventud, esa que hace tiempo perdí, pero que aun conservo, bueno como se dice en el interior, así que le devuelvo la mirada, como queriéndole decir que se vaya que no me moleste, que no rompa aquel momento de tranquilidad, que su música tiene cuatro ruedas y la mía no, en resumen, que se vaya. No sé si conseguí lo que quería, pero después de un rato mirándome a través de sus gafas oscuras, se monta en el coche, aumenta el volumen y se marcha. No me lo podía creer, que gran victoria, tendré poderes mentales, no lo creo, me reclino en la silla, doy un hondo suspiro y comienzo de nuevo a relajarme, pero como he dicho antes esto solo era el preámbulo del espectáculo. Cuando me acercaba el vaso a mi boca, comienzan los ruidos que yo denomino de reparaciones, sierras, palas, aspersores y todo aquel instrumento que puede hacer un ruido molesto y nada pacificador. Esto me hace pensar que ruidos son los que prefiero y me doy cuenta, la verdad que me gusta el ruido de los gallos, de las ramas rozándose entre sí o con el aire, pero aquellos ruidos desaparecen cuando son engullidos por aquellos que me recuerda a mi vida cotidiana en la ciudad, por mucho que quiera parecen que persiguen y que no quieren abandonarme.

Mejor lo dejo, me fumo me cigarro, me tomo mi bebida de un trago y me meto en la casa que tengo en el campo a ver la tele para no perder la monotonía de los ruidos de la gran ciudad.

martes, 10 de diciembre de 2013

La Estatua

                                     
                       Algún día llegara, mas tarde o más temprano, eso espero, encontrar alguien que no me grite, que no me haga sentirme como un inútil, que valore lo que hago o por lo menos que lo finja. Necesito pensar que no seré una estatua que esta ahí para decorar, que ve la vida pasar sin sonrisas, sin alegrías, solo el sol como único compañero, que calienta su piedra sucia y vieja. Durante años he querido ser libre, un alma que vuela y transmite libertad, pero no lo consigo. Siempre he querido agradar y eso es un gran defecto, pues no eres tu el que se presenta, sino una pantomima sin vida, alguien que piensa que a todo el mundo le cae bien pero del cual todos hablan  cuándo ya no está. Siempre he pensado que era un tipo simpático, incluso gracioso que a la gente caía bien, que gran error él mío. Cada vez lo veo más claro, que por mucho que me esfuerce, por mucho que me crea, siempre la gente murmura. Me doy cuenta, que mi personalidad se pierde entre las sombras, ya no sé quién soy, ni hasta donde quiero llegar, ha llegado un momento que no me encuentro ni cuando me miro al espejo.
 Ando sin rumbo, perdido entre la gente que camina a mi alrededor, al final siempre acabo en el mismo lugar. Todos los días voy al parque y me siento viendo a la gente pasar, pensando si algún día me encontrara y dejaré ser una simple estatua sin más, pues cuando uno es una estatua blanca y fría, ve lo que hasta entonces se ocultaba baja las sombras de los hipócritas que ve pasar.

lunes, 2 de diciembre de 2013

Hormiga


La cabeza sobre los brazos, posada sobre la mesa. El aire era agradable, el sueño de la siesta me había invadido, pero antes de cerrar los ojos, la vi, una diminuta figura delante de mí, era una hormiga. En la posición en la que me encontraba parecía que fuera gigante, lo cual me hubiera asustado, si no hubiera pensado que era un efecto óptico. Una idea me invadió la cabeza, voy a escribir sobre la vida de tan pequeño ser. Cogí papel y lápiz y comencé a escribir hasta que las palabras empezaron a desaparecer, hasta que no supe que poner, pues la hormiga había desaparecido. Cuando creía todo perdido, pues la inspiración me había abandonado, apareció de repente al lado de mi brazo, parecía perdida, desorientada, pero aun así vi que tenía un objetivo, acercase a la hoja en la que yo había escrito sobre ella. Subió por el lateral del lápiz, y me quede mirándola, pensando que si la observaba, ella me podría aportar sentido a mis palabras. Empezó a caminar sobre la hoja, como si estuviera leyendo, ya que entre las letras se desplazaba y parecía que se detenía cuando una no entendía.  Sorprendido, quise ver en ella algún símbolo de aprobación, que levantara sus antenas, cuando algo le gustara o no mostrara su aprobación. Aquellos seres diminutos nunca me habían gustado, su vida ordenada y monótona, con ese carácter militar no me parecía atractiva, pero aquella, en especial parecía la rebelde, la que quería salirse del camino establecido, la que no iba en grupo la que estaba leyendo mis palabras. Me hubiera gustado comunicarme con ella, que me contara, si lo que leía le gustaba o era pura basura. Que lastima no conocer el lenguaje de los insectos, de repente se paró, parecía que ya había acabado de leer o eso me pareció, se bajo de las hojas, miro hacia atrás y se fue. No me dio su opinión, solamente se alejó. La seguí con la mirada para ver donde se dirigía y al cabo de un rato la perdí de vista cuando se ocultó bajo unas hojas.
Cual seria su criterio, nunca lo sabré, lo único que puedo asegurar, es que mis palabras no le gustaron, pues no llego a leerlas todas. Rompí la hoja, después de que su fuera y puse mi cabeza entre mis brazos y cerré los ojos, mientras pensaba que mi literatura a las hormigas no gustaba.

domingo, 1 de diciembre de 2013

Ejercicio

                                          
 Empieza el partido, me siento en el sofá con mi equipación reglamentaria. En una mano la cerveza y en la otra los ganchitos y cerca el mando, para rebobinar y no perderme ninguna jugada importante. Enciendo la televisión, están en anuncios, da igual iré haciendo algo de ejercicio, abro la cerveza y le pego un trago, la dejo a un lado, abro los ganchitos y me meto un puñado en la boca, nadie podrá decir que no hago deporte con los brazos, así durante noventa minutos, en diferentes series dependiendo del hambre y sed que tenga. Comienza........., primera jugada polémica, me levanto y grito a la televisión, pensando que con esa actitud fuera a cambiar algo, pero no es así. Realizo me segundo ejercicio, sentadillas, cada vez que me levanto y me acuerdo de la madre del árbitro, mis piernas se flexionan. Este ejercicio depende de lo bueno que sea el árbitro y de lo que favorezca a mi equipo, aquí no hay series, solo un entrenador personal que lleva silbato.
Pasan los minutos y la cerveza se me ha acabado, me levanto y voy a la nevera. Aquí he cometido un error de logística, tenía que haberme dejado unas cuantas al lado del sofá, ya que hacer más trabajo físico del necesario puede ser malo para la salud, aunque si lo pienso bien este podría ser mi tercer ejercicio, incluso más completo que los anteriores, pues ejercito brazos (levantarme del sofá), piernas (caminar hasta la nevera) y además incluye esprín, ya que si oigo que aumenta el volumen de la televisión, tengo que ir corriendo a ver que es lo que ha sucedido. Podría rebobinar con el mando, pero la emoción de verlo en directo no tiene precio.  Vuelvo a sentarme, pasan los primeros cuarenta y cinco, con los ejercicios rutinarios de brazos, cerveza y ganchitos. Es el descanso y comienza el cuarto ejercicio, me levanto (sentadillas), voy al servicio (camino), me bajo la cremallera y meo. Este ejercicio, en su parte final, sirve para ver la agilidad que uno tiene en los dedos, por un lado bajarme la cremallera y por otra parte encontrarse la polla entre tanta grasa acumulada durante años de sofá. Me dirijo a mi trono, hago estiramientos y cintura antes de sentarme, comienza la segunda parte.
Comenzamos con los ejercicios de brazos, pero le añadimos una dificultad, los ganchitos caen al suelo y se esconden debajo del sofá. Este ejercicio es complejo, pues hay casos documentados que dicen que puede provocar lesiones en el hombro, incluso dislocaciones de este. Alargamos el brazo para poder cogerlos, añadiendo el inconveniente de que no los vemos y que son nuestros dedos los que tocan el suelo. El brazo con el que se realiza esta actividad depende del lado del sofá en el que caigan. Además, hay que mirar lo que te metes en la boca, ya que hay gente que sé a llegado a meter, pelusas de polvo de años allí acumuladas.
Jugada polémica, gritos y ejercicios gesticulares delante de la tele, el árbitro pita penalti, en contra de mi equipo. Aquí en este punto se realizan ejercicios variados e incluso un poco caóticos, flexiones de rodillas, andar en círculos manteniendo un pie fijo, brazos arriba y abajo, movimientos de cuello, a veces se puede llegar a hacer pecho, cuando uno se lo golpea estilo Tarzán. Hay que tener en cuenta que los penaltis tienen el efecto tensión y relajación. Tensión cuando se tira, relajación si se falla e ira si se lo meten a tu equipo, en este caso fue errado (relajación).
El partido se está acabando y el ejercicio que engloba a todos los demás no se está realizando, pero llega una internada por la derecha y.........!!!!!!!GOOOOOLLLLLLL¡¡¡¡¡¡¡¡¡.
Todos los ejercicios en uno, levantamiento de brazos, giros de cintura, salto, carrera corta, flexiones de piernas, esprín (ir a toda prisa al balcón para gritar el gol), en algunos casos dependiendo de la euforia, giros en el suelo y posiciones extrañas que ejercitan músculos que hasta entonces eran desconocidos y por último relajación, levantamiento de cerveza e ingestión de gusanitos.
Acaba el partido, una ducha rápida por los sudores adquiridos y a dormir, que mañana será otro día de duro ejercicio, pues hay liga de campeones y por lo tanto más ejercicio.

domingo, 17 de noviembre de 2013

Las tijeras

                                        
                     La noche era oscura, dentro de la casa no se oía ni un solo ruido, aquel silencio me estremecía el corazón, era raro que no se oyera la fauna habitual de una noche en el campo. No corría el aire y los insectos se habían callado. Sentando mirando el televisor, baje el volumen, era como si el mundo hubiera hecho una pausa. Me dirigí a la puerta, encendí la luz del exterior, y con cuidado abrí la puerta, pensando que en el momento que la abriera algo me saltaría a la garganta y me la arrancaría de cuajo, pero no fue así. No había nada solo la más oscura profundidad y aquel silencio, aquel molesto silencio.  Apague la luz y cerré con llave, una extraña sensación se estaba apoderando de mí, no era miedo más bien un sentimiento de abandono por la ausencia de sonidos. Me volví al sofá, cuando entonces lo oí, de una de las habitaciones, salia un ruido. En un principio sentí un alivio porque algo estaba rompiendo aquel sepulcral sonido, pero un terror recorrió mi cuerpo cuando me di cuenta de que aquel ruido era el de unas tijeras que se abrían y cerraban. No podía ser, en la casa no había nadie salvo yo. Me fui acercando con cautela, el ruido salia de una habitación en concreto, pero no podía ser, en esa estancia hacia años que nadie había entrado desde que ella falleció. Me acerque con cuidado, el corazón me palpitaba muy rápidamente como queriendo saltar de mi pecho para salir corriendo. No sabía lo que habría tras aquella puerta. El ruido de las tijeras cortando se oía más fuerte según me acercaba. Cogí el pomo de la puerta y abrí rápidamente para ver si descubría al causante de mi temor. Gritando para asustar a quien estuviera en la habitación, encendí la luz para descubrir al extraño personaje que estuviera allí con unas tijeras, pero allí no había nadie.
La habitación estaba como siempre, la cama hecha y el polvo cubriendo los muebles, di un rápido vistazo, todo estaba en su sitio, nadie había tocado nada. Apague la luz y cerré la puerta, soltando un suspiro, pensando que lo que había oído era fruto de mi imaginación solitaria.
Nada más cerrar la puerta el ruido comenzó de nuevo. Un escalofrió helado recorrió todo mi cuerpo, no podía ser, había estado en la habitación hace un instante y allí no había nadie. Me fui al comedor y cogí un palo que tenía apoyado sobre la pared para alejar a las visitas indeseadas, y me dirigí de nuevo hacia la habitación. Espere un instante, mientras apoyaba mi oreja sobre la puerta fría y oscura, el ruido de las tijeras no paraba. Entre bruscamente, blandiendo el palo como caballero que defiende sus posesiones y grite:

— Si estas ahí, mejor que salgas, no me gustan las broma.

La respuesta fue el silencio, un silencio tan rotundo que hizo que las piernas me temblaran y casi me cayera al suelo.
Encendí la luz de nuevo, y comencé a registrar la habitación, abrí los armarios, mire detrás de las cortinas, mire debajo de la cama, no había nada, salvo un pequeño detalle, cuando levante la cabeza y mire encima de la cama allí había unas tijeras, llenas de tierra y oxidadas.
El corazón me dio un brinco, callándome de espaldas. Gateando me dirigí hacia la pared, apoyándome sobre ella y con auténtico terror observe aquellas tijeras que habían aparecido de la nada.
Estaba totalmente paralizado. Sentimientos que nunca había experimentado recorrían mi cuerpo, pero algo tenía que hacer, no podía quedarme allí quieto, esperando a que algo sucediera. Así que me acerque, tembloroso casi llorando. Por el miedo que aquellas tijeras producían en mí. Desde una prudente distancia las observe, mi garganta estaba seca y nota que aunque hubiera querido gritar, ni un sonido hubiera salido de esta.
Las estuve mirando durante un largo tiempo, allí paralizado por el terror, hasta que me di cuenta, aquellas tijeras eran las de ella. No podía ser, era irreal que fueran aquellas que ella utilizaba para arreglar sus trapos y arreglar sus vestidos. Era imposible, ya que las tijeras habían sido enterradas con ellas.
 Me levante apoyándome sobre el palo, las piernas me templaban y la cabeza me daba vueltas, mi pasado había vuelto y aquella extraña sensación casi no me dejaba respirar. Salí de la habitación cerrando la puerta. Me dirigí al mueble bar, he intente coger un vaso, no podía las manos me temblaban, pero necesitaba un trago. Así que haciendo acopio de fuerzas agarre la botella que más cerca tenía y di un trago de wiski, con tal ansiedad que aunque me hubiera quemado la garganta, hubiera bebido de ella hasta apurar la botella. Deje la botella sobre el mueble y espere un rato hasta que la bebida me hiciera efecto y los nervios se fueran calmando. Cuando esta comenzó hacer efecto y todo estaba en silencio, las tijeras comenzaron a sonar.
Con la valentía falsa del alcohol en mis venas, la botella en una mano y el palo en la otra entre en la habitación, con la clara intención, que si allí hubiera alguien iba a recibir una soberana paliza, pero allí no había nadie y las tijeras ya no estaban sobre la cama. Registre de nuevo la habitación, saque todos sus vestidos del armario, levante el colchón y lo estampe contra la pared, removí todos los cajones tirándolos con tal violencia que se rompían cuando llegaban al suelo, para obtener el mismo resultado que antes, allí no había nadie.
Me quede parado, solo me quedaba una cosa por hacer y era asegurarme que ella siguiera allí. Salí de la casa y fui al cobertizo, golpeándome con todo lo que se interponía en mi camino, cogiendo una pala con una mano, pues en la otra llevaba la botella, la cual no había soltado en todo el rato y de la cual de vez en cuando le daba un sorbo.
Me encamine a la parte trasera del cobertizo, donde tenía unos campos frutales. Siempre que iba por allí me acordaba del día que la enterré.
La luna era llena y se veía con perfecta claridad, no como ahora que casi no se veía por falta de la luz lunar. No quería volver atrás, no quería coger una linterna que me hubiera facilitado el trabajo, solo quería cavar de una vez, quería que mis miedos desaparecieran, ser el hombre solitario que había sido antes de escuchar aquel ruido infernal.Vi los dos naranjos donde hace un año aproximadamente, había enterrado su cuerpo, Comencé a cavar como un loco que busca un tesoro que no quiere encontrar, deje la botella a un lado y aplicando las dos manos con fuerza comencé a hacer el agujero que me llevaría al infierno de los recuerdos.
Después de un rato, comencé a ver la alfombra donde había envuelto su cuerpo. No quería ver su rostro solo quería saber si las tijeras continuaban allí, así que rebusque bajo esta sin apenas levantarla.
Note sus manos huesudas y un escalofrió recorrió mi cuerpo, pero la bebida que llevaba encima, me daba el valor para seguir buscando, pero por mucho que tocara las tijeras allí no estaban.
Mientras removía la alfombra sentí a mi espalda un viento helado que me erizo los pelos del cogote, algo estaba detrás mío, el instinto me decía que no me diera la vuelta que saliera corriendo como alma que lleva el diablo, pues lo que iba a ver no me gustaría, pero no lo hice y allí me la encontré. 
Mi corazón se paró por un instante, y note que el aire no entraba en mis pulmones, todo mi cuerpo estaba paralizado por un miedo difícil de describir. Llevaba el mismo vestido que la noche que la mate, y una luz blanquecina envolvía todo su cuerpo, sus pies no tocaban el suelo y parecía flotar en una nube blanca. No podía moverme, el sudor recorría todo mi cuerpo, allí estaba su alma ante mi dispuesta a vengarse por lo que le había hecho.
Alargo una mano negra en la que llevaba las tijeras y una voz salida de lo más profundo del infierno dijo:

 — Es esto lo que andas buscando.

Esto fue mi final, un pinchazo en mi pecho presagiaba lo peor. La vida se me estaba escapando, mientras la figura se me acercaba y con un a sonrisa macabra en los labios decía:

 — Es esto lo que andas buscando.

A la mañana siguiente unos labradores encontraron mi cuerpo, el pelo estaba blanco y todos los miembros del cuerpo agarrotados, en una mano una botella y en la otra una pala y sobre mi pecho descubierto unas marcas que decían:

“ Yo fui su asesino”


Y a mis pies unas tijeras ensangrentadas.

jueves, 14 de noviembre de 2013

Un hombre simple

                                 
Me gustaría, que cada vez que escribiera, poder poner palabras bonitas, que todas las hojas de la libreta no fueran un grito de desesperación oculta, pero no lo consigo. Sentado en una silla, mirando un hermoso paisaje, me doy cuenta del tiempo perdido, de los años que he amado y del camino erróneo que estaba tomando. Siempre mintiéndome y esperando que las cosas cambiaran por si solas, pero no ha sido posible, pues el primero que tenía que cambiar, era yo y eso no ha sido así. Soy un hombre simple, casi inútil, que no sabe cambiar una bombilla, que no tiene iniciativa, que no es divertido y acabo siendo deprimente. Me repito en mis palabras como una gramola rayada, y no sé callar a tiempo, cuando un silencio dice más que mil palabras. Me gusta la complejidad, pero aun así soy un hombre simple con las necesidades básicas de un hombre de cromañon. No inspiro confianza y una vida inventada tengo que llevar para que la gente no se dé cuenta de que mi vida es una mierda que llevo a mis espaldas.  Intento ser gracioso y la cago continuamente, intento ser alguien que no soy. No soy sociable y cuando lo intento parezco un payaso que intenta agradar, pero no tiene gracia. Sé que mi vida podría ser otra, pero no quiero, pues a su lado soy completo, aunque hace tiempo ella abandono el mío.Maldito genio él mío que no aguanta en su fuente sin salir y escupir sandeces. Tengo un chip de locura que tiene que joder las cosas cuando estas parecen en calma.  Que me sucede tan deprimente soy que no puedo ver a la gente feliz a mi alrededor. Escribiría mil palabras mas, pero soy un hombre simple ante un hermoso paisaje que no sabe disfrutar.

lunes, 11 de noviembre de 2013

El relato

                            
 Me levanto de la cama de un salto, por fin he soñado aquel argumento, aquella la idea que necesitaba para poder escribir esas palabras que siempre estuvieron dentro de mí, pero que nunca quisieron salir. Me encamino a la mesa donde la noche anterior había dejado la libreta, sus hojas estaban en blanco, por mucho que le diera vueltas no las encontraba, incluso había llegado a pensar que me habían abandonado y que nunca podría escribir más. Pero esta mañana las tenía atrapadas en la red de mis pensamientos y sabía que cuando me pusiera escribir estas emanarían de mi cabeza, mi mano las copiaría y mi cerebro que no las quería olvidar las dictaría. Sin olvidar ni un solo punto, empece a escribir como un loco, sin olvidar detalle. La muñeca me dolía, pero no quería parar no quería que nada se me olvidase, la inspiración estaba a mi lado y no quería que saliera volando. Mientras escribo las lágrimas brotan de mis ojos, ya que palabras tan hermosas seguro que jamás fueron escritas en un papel en blanco. Por fin llego al final, una emoción recorre todo mi cuerpo cuando escribo las ultima letra. Ya estaba, aquellas que yo pensaba que eran grandes palabras que igual que a mí me llenaban el corazón también lo harían a quien las leyera. Con la libreta en una mano y con el pecho más hinchado que el de un palomo, llamo a una amiga para que quedásemos esa tarde. Ella era muy critica y sabía que su aprobación era el mejor examen que podría pasar. Suena el teléfono y me lo coge, como un niño con zapatos nuevos, le cuento emocionado lo que me ha pasado y que tengo entre mis manos lo que desde años estaba buscando.  Después de oírme y dejarme hablar, me dice que esa tarde no podía quedar, que tenía muchas cosas que hacer, que se lo mandara por correo electrónico y que ya me daría su veredicto. Una tristeza invadió mi corazón, como podía ser que oyendo ella mi emoción pospusiera el momento de la lectura para otro instante. Daba igual no quería enfadarme, contento estaba con mi creación para ponerme a discutir. Me despedí de ella y le dije que esperaría sus alabanzas o criticas, colgué. Supongo que hay más gente con la que pudiera compartirla, así que llame a mi hermano otro gran critico, pero más de lo mismo, no sé si no supe transmitir mi ilusión, pero mil escusas me pusieron para al final decirme que se lo mandara por correo electrónico.
 Me quede un rato sentado, pensando en que no necesitaba la crítica de nadie para publicarlo. Lo leí varias veces y su resultado me gustaba, me puse delante del ordenador y copie cada palabra del papel a la pantalla del ordenador, no cambie nada, pues tal como estaba me parecía bien, solo pase el corrector ortográfico, para que no dañara la vista de quien leyera el relato, aun así alguna falta se escaparía.Le mande un correo a mi amiga y a mi hermano, con la ilusión de quien manda un regalo y espera una contestación de admiración a corto plazo. También lo publique en mi página web y en cualquier plataforma que pudiera ser leído, ahora a esperar a el me gustas, a las criticas o a cualquier comentario que la gente pusiera, quería que mi texto se leyera que la gente supiera que existía, que por fin había escrito algo que merecía la pena, apago el ordenador y espero.

Pasan los días y nadie pone nada, tampoco mis dos críticos dicen nada, pensé en llamarlos para preguntarles, si lo habían leído, pero tampoco quería que lo leyeran por compromiso y dijeran la típica frase con desgana....... Si, si está muy bien......y de ahí no pasara. Deje pasar el tiempo y el silencio era la única respuesta que encontraba.  Al final tome la decisión, borrar mi relato, pasarlo al mundo de las palabras perdidas, aquel que solo el autor sabe que existe. Borre toda huella de Internet y si hubiera podido los mensajes que había mandado para llevarlos a la papelera de reciclaje de donde nunca tenían que haber salido. Como en un ritual sagrado arranque las hojas de la libreta y las puse en un cuenco y las prendí fuego, y mientras las veía consumirse entre las llamas vi a las letras llorar. Mientras se consumían abrí una botella de alcohol, y me serví en un vaso un trago generoso como despedida a aquellas cuatro hojas, que acababan de desaparecer del mundo real, para pasar al mudo de los sueños de donde habían salido y no tuvieron que abandonar.  

miércoles, 30 de octubre de 2013

Historias Pasadas



 Delante de las ruinas de alguna civilización antigua me encuentro, observo aquellas piedras que son trozos de la historia que nunca fue escrita. Si pudieran hablar me contarían quien puso sus pies en ellas, quien apoyó su cuerpo en ellas o incluso quien hizo el amor sobre aquellas piedras blancas y poderosas. Cientos de figuras anónimas han vivido en aquellos lugares, llenos de historias normales que nunca fueron narradas por los eruditos de la época... Mirándolas me imagino que hubiera sido en aquel tiempo, si hubiera vivido en aquel lugar. Sé lo que me hubiera gustado ser, pero lo que seria realmente es otra cosa. Cuando me veo delante de aquellas ruinas me imagino como un conquistador que marco un tiempo y un lugar, pero soy realista y creo que viendo mi trayectoria en el presente, este seria un resumen de mis historias pasadas.

Si hubiera vivido en el antiguo Egipto, no creo que hubiera sido faraón, más bien un soldado que en la primera batalla en la que intervino, una mano perdería y no por la espada de un enemigo, sino por un pequeño corte que se infectaría y amputar la mano tuvieron que hacer.

Si hubiera vivido en la antigua Grecia, no hubiera sido un filósofo, ni un monarca, seguramente un humilde esclavo que todos los días seria golpeado y maltratado por su amo.

Si hubiera vivido en el Imperio romano, no seria centurión, ni emperador o comerciante, sino un humilde campesino, que por deudas adquiridas, en gladiador se tuvo que convertir y en la primera refriega en el circo romano ante miles de personas de forma ridícula murió.

Si hubiera vivido en la edad media, caballero no hubiera sido, más bien un humilde vasallo que vivía aterrado bajo la bota de su señor.

Si hubiera vivido en la Francia revolucionaria, seguramente hubiera sido señor, el siendo el primero de la nobleza al que le hubieran cortado la cabeza.

Si hubiera vivido en la España de los Austria, seguramente hubiera sido un ladrón que hubiera acabado sus días encadenado en las galeras de algún barco.

Si hubiera sido.......... no quiero continuar creo que ya queda claro, lo que pienso de mi destino en la historia de la humanidad.

Sé lo que me hubiera gustado vivir o haber vivido, pero la providencia o como lo queramos llamar es una ruleta que no cumple tus deseos, que te deja al azar en un momento determinado sin preguntarte que quieres ser.

Después de unos minutos contemplando aquellas hermosas piedras de la historia, agarro mi escoba y me pongo a barrer. Sigo pensando, mientras levanto el polvo, maldito destino que ya tenias fijado mi camino, quitar el polvo a la historia de lo que pudo ser y no fue.

jueves, 17 de octubre de 2013

La terraza

  
Era una tarde de verano y me encontraba sentado en una terraza, dando sorbos cortos a una cerveza. Mis ojos se movían rápidamente de un lado a otro, mirando a las mujeres que con ropa ligera se movían delante de mí. Mi mente pensaba que todas ellas se exhibían para mostrarme sus cuerpos y sus nuevos modelistas del verano. La verdad no era aquella, por mucho que mi mente quisiera, su intención simplemente era ponerse ropa ligera para aguantar el calor del verano. Aun así en mi cabeza se producían los más oscuros deseos carnales, mi imaginación avanzaba más allá de lo visual, montando mil historias eróticas, sacadas de mil películas porno que se movían como imágenes perdidas en una bacanal. Sabía que aquello nunca pasaría, pues las mujeres son un mundo que me gustaría explorar, pero mi timidez y mi poca confianza, me hacían ver que aquellas imágenes que nunca saldrían de las cuatro paredes de mi cabeza. Todas aquellos pensamientos recorrían mi mente sabiendo que al final volvería a casa solo, y que con mi juguete algún trabajo manual tendría que realizar con todas las fotos que mentalmente había recopilado.

Di el último trago a mi vaso medio vació y a través del culo de este pude ver una figura, que hacia mí se acercaba, el cristal la deformaba, aun así sus curvas estaban acentuadas. Estaría soñando, y mis deseos más secretos se estarían cumpliendo o solo era un efecto óptico producido por el cristal del vaso que tenía en mis manos temblorosas. No sabía si bajarlo o mantenerlo en aquella posición esperando que la figura se alejara desapareciendo como fantasma en la niebla de mi imaginación. Baje la mano despacio, no quería parecer una avestruz que esconde su cabeza en el interior de un vaso, no era un sueño, delante mío se encontraba su figura angelical. Retiro la silla hacia tras y poso su cuerpo sobre esta con una gracia que hizo que mi corazón latiera tan rápido, que pensaba que iba a salir corriendo y gritando como un loco.

Allí sentada ante mí se encontraba, mirándome a los ojos con su pelo negro y liso, con sus ojos verdes y su cara que me pareció la de una actriz de los años treinta. No podía gesticular palabra, una fuerza extraña me agarraba la garganta, no permitiéndome decir nada, aunque estaban ahí se negaban a salir. Quería decir mil cosas, pero no me salia ni un simple hola. Pasaron unos minutos, que a mí me parecieron horas, en los cuales los dos nos estábamos observando sin mediar palabra, que esperaba no soy hombre de acción y mi conversación es limitada. Que fácil es ver a los actores de cine, con sus frases ingeniosas, que con un solo gesto o una sola palabra es capaz de sacar una sonrisa.

Ella me miraba esperando a que dijera algo, pero era incapaz, incluso de decir hasta los tópicos que se dicen en estas situaciones. Saque fuerzas de la desesperación y mi boca se dignó a moverse y mis labios esbozaron una sonrisa y mis palabras iban a salir cuando como salido de la nada se acercó una figura y dijo:

--- Hola, ¿eres Ainhoa?

--- Si---respondió ella, en su cara se podía ver que aquella voz le estaba sacando de una situación comprometida.

--- Llevo rato buscándote, me dijiste que llevarías una blusa verde y eres la única de la terraza que lleva una.

--- Entonces tú eres David---dijo mientras apartaba su mirada de mí y la clavaba en la figura allí presente

--- Si---dijo mientras esbozaba una sonrisa que le recorría toda la cara.

Menos mal que nadie se fijaba en mí, pues la cara de estúpido que tendría era digna de colgarla en la red para tener mil me gustas en cuestión de segundos. Ella se giró hacia mí, intente mostrar una sonrisa, que me interior era un mar de lágrimas, ella con una sonrisa de timidez y vergüenza por la confusión cometida dijo:

--- Lo siento, espero que me perdones, pensaba que eras la persona con la que había quedado---

Respondí lo más estúpido que uno puede decir en estos casos.

--- No pasa nada una confusión la puede tener cualquiera---

--- Gracia por entenderlo---dijo mientras se levantaba y se dirigía hacia otra mesa con aquella figura odiada.

Paso un rato hasta que mi cabeza empezó a procesar la información, y un grito desesperado surgió de esta, no se puede ser más estúpido, no encontrar palabras para decir un simple hola, pero que fácil salieron aquellas de despedida...... no pasa nada... como que no pasa nada, se sienta en mi mesa me mira a los ojos, noto que soy la persona que se había imaginado por lo menos físicamente y no soy capaz de decir nada.

Mi mente se quedó en blanco por un instante, que me sirvió para no pensar, de lo cerca que había tenido a una mujer. Me levante, pague al camarero y me dirigí a mi casa realizar trabajos manuales pensando en aquella hermosa figura.

lunes, 7 de octubre de 2013

El Oráculo


Allí sentado en el bar, donde un día caí y no me supe levantar Muchas veces lo he intentado, pero una fuerza superior, incluso me parece que casi divina, me mantiene amarado como un buque mercante en dique seco. Tengo una silla asignada, un camarero está a mi servicio, incluso a un tipo de bebida le han puesto mi nombre. En la mesa en la que me encuentro parezco el oráculo de delfos, pero en vez de velas, y olores agradables de miles de flores recién cortadas, estoy rodeado por botellines de cervezas vacías y por el olor a sudor y alcohol que desprenden los borrachos del local. La gente se me acerca y me pide consejo y en vez de darme una moneda de oro me invita a otra cerveza.
Intento recordar como empezó todo, como me vi envuelta en esta situación , pero la memoria me falla y no sé si lo que contaré será verdad o fruto de mi imaginación.
Recuerdo que era un día cualquiera, en el que mi estado de ánimo era flojo por cualquier causa, con la mirada perdida, con los ojos rojos por el alcohol o la pena no lo sé la verdad, con barba de varios días y aspecto desaliñado, una figura se me acerco, no sé si era un hombre o una mujer, solo recuerdo recuerdos sus palabras cuando se quedó parado frente a mí.

-¿Cuándo voy a morir?- me dijo aquella silueta perdida en los recuerdos de la bebida que corría por mis venas.

Levanté la vista cansada, los ojos me pesaban y la cabeza me daba mil vueltas, y pensé que coño me está diciendo, no ve que soy un simple borracho que quiere ahogar sus penas.
Sin levantar la mirada y en plan irónico le conteste:

-Cuando salgas por esa puerta-

Cómo iba a saber que aquellas palabras dichas por la boca de un espectro alcoholizado enlazarían mi destino aquella silla, pues aquella persona nada más salio del bar y puso un pie en la calle, una maceta le cayo, abriéndole la cabeza y produciendo le la muerte instantánea.

La gente que había seguido la escena, me empezó a mirar como si en aquella mesa estuviera sentado el mismísimo lucifer, pero en vez de rodeado de llamas, a su alrededor había botellas marrones vacías. Allí me encontraba como una triste figura, que no comprendía las miradas que le observaban, solo había dado una respuesta a una pregunta que a partir de aquel momento marcaría mi destino como oráculo del bar de la esquina del cual nunca más me pude levantar.

martes, 20 de agosto de 2013

La Camarera



                 Agachado me encuentro en la trastienda del bar, escondido entre barriles de cerveza vacíos, que en un descuido del camarero allí fui a parar. No fue casualidad mi elección, sino un plan premeditado para poder observarla sin ser visto, sin que ella supiera que mi mirada la estaba buscando. De esta manera, la podría mirar, sin apartar mis ojos como símbolo de vergüenza, cada vez que ella movía la cabeza hacia donde yo estaba, pues tenía miedo no poder soportar en su mirada algún atisbo de desprecio aun desconocido. Realmente no sé cuáles fueron mis motivos, pero allí me encontraba como un pervertido en busca de su presa.
La verdad es que nunca la había visto por detrás, siempre de enfrente, detrás de la barra del bar.
El no ver esta parte de su cuerpo me hacia imaginar que tendría unas piernas esbeltas como de bailarina... y lo que estaba viendo no se alejaba mucho de lo que mi fantasía había imaginado. En aquel instante me hubiera gustado ser un gran poeta para describir aquello que tenía por encima de sus piernas y las únicas palabras que invadían mi cabeza eran: “menudo pedazo de culo que tiene”.
Ya sé que las palabras son vulgares y no tiene nada de poesía pero cuando salen del interior, refiriéndome al corazón eso no las convierte en poesía. Dejando las reflexiones profundas aun lado y basándonos en la simple pasión, por mi cabeza solo pasaba la idea de acercar mi mano a sus piernas para tocarlas, para subir mis dedos a través de ellas para llegar a su trasero y estrujarlo con la mano... y mil pensamientos más que no voy a describir pues sonrojarían al que leyera mis palabras. Mientras mi mente fantaseaba con aquella escena que casi se estaba volviendo real, una mano salió de la nada y en su culo fue a aparar. Una rabia me envolvió haciendo me casi salir de mi escondite para impedir que otro tocara el objeto de mi deseo, pero algo me lo impidió. Ya sea la vergüenza o la humillación, la timidez o el ridículo no lo sé, solo me quede quieto observando queriendo averiguar quien estaba tocando el objeto de mi devoción. Alce la mirada y pude ver al camarero que había esquivado anteriormente con una sonrisa, que era correspondida por otra de ella. Quería imaginar que la sonrisa de ella era de puro asco y compromiso al sentir que aquel cerdo ponía sus manos sobre ella, pero no era así era de pura complacencia.

El mundo se me cayo encima, mi imaginación me había hecho volar tan alto, que nunca pensé que aquel culo podría ser de otro, supongo que será el problema de no ver a través de las barras de los bares. Mi rabia aumentaba cada vez que veía esos dedos agarrando y sobando su trasero y como ella no apartaba la mano de él.  Al cabo de un rato le apartó la mano y se fue a servir una mesa, ya tranquilo y desolado di un último vistazo aquello que nunca sería mío. No sé cuanto tiempo paso hasta que asumí la situación y mi rabia se desvaneció, decidí que era el momento de irse. Así que aprovechando que la camarera salia un momento de la barra, me moví con rapidez y me dirigí hacia la puerta, sin antes echar una mirada atrás y pensar que tonto es al amor hasta que descubres la verdad que se esconde tras la barra de un bar.

lunes, 19 de agosto de 2013

Paisaje


                                                 
Miro a mi alrededor y todo lo que veo es hermoso y cautivador. Me pierdo entre sus imágenes como un niño que juega al escondite entre las nubes. Cuando miro el paisaje mis problemas desaparecen y me imagino que soy un ave que vuela entre sus rincones, es un momento pero es el instante más hermoso que mis ojos pueden retener y mi alma disfrutar. Cada mañana me levanto y lo observo, descubriendo un nuevo matiz que no había visto el día anterior, provocando en mí la sensación de que nunca podré acabarlo y que es imposible que me canse de verlo.
Esta mañana me he levantado pensando que nueva sensación tendría. Una niebla espesa lo cubría todo. No me alarme pues era normal, que en aquellas horas todo fuera tapado por una pequeña manta de nubes que al desaparecer me mostraba mi pequeño paisaje.
Cogí mi silla, encendí mi cigarro y me senté a esperar a que desapareciera, el tiempo transcurría y esta no desaparecía, más bien aumentaba la capa que cubría mi visión.
La niebla gris y suave se iba transformando en rojiza y molesta para mis ojos. Mi paisaje, aquel que me liberaba de mi monotonía estaba envuelto en llamas, no podía creerlo estaba viendo la destrucción de mis recuerdos, de mi libertad soñada. Tenía ganas de levantarme y coger un cubo para ayudar a pagarlo, pero el terror de su destrucción me paralizaba. Por mi cabeza paso el odio y la rabia, quería tener delante al cretino que había provocado aquellas llamas para decirle cuatro cosas, para cogerlo con mis manos y que apagara aquel fuego con su saliva insana. Mientras aquellas ideas de odio pasaban por mi cabeza recapacite, pues a lo mejor yo también era culpable, de haberlo observado y nunca haber hecho nada para conservarlo. Si hubiera cogido una azada y cortado las malas hierbas, seguro que el asesino de mi paisaje nunca hubiera encontrado material para hacer el fuego o por lo menos que se propagase. Me siento solo y apenado, mi alma se rompe y la oscuridad disfrazada de humo cubre mis ojos, lo cuales se llenan de lágrimas, no por pena, solo por ser un mero observador y no saber mantener mi hermoso y devastado paisaje.

viernes, 22 de marzo de 2013

Vidas Pasadas




Nacemos en un mundo en el que nadie nos ha pedido permiso para nacer. Vivimos una vida que a lo mejor no es la que nos gustaría vivir. Vemos la luz en una época que no es la nuestra, añorando otros tiempos y otros lugares. Sentado en aquel bar y como siempre con una copa en la mano empiezo a filosofar solo, ya que en estos días nadie quiere hablar de la vida y menos con un borracho que ha decidió dejar esta en manos de la suerte de una botella. Dónde están aquellos tiempos donde un hombre entraba en una taberna y podía conversar con todo el mundo sobre el sentido de la existencia sin  importarle a nadie si estabas borracho o lucido, si eras pobre o rico, lo único que la gente quería era conversación sobre las cosas cotidianas y transcendentales de la vida.
Levanto mi copa por última vez antes de abandonar aquel antro, acercó el vaso a mis labios y saboreo el licor en mi lengua y el ardor del alcohol en mi garganta. Cuando apuro la bebida veo una figura a través del fondo del vaso, estaba distorsionada por el efecto del vidrio, aun así mis ojos creen que conocen aquella silueta. Dejó el vaso sobre la barra y la empiezo a observar. Mi corazón empezó a palpitar rápidamente, aquella chica que allí se encontraba sentada, en algún sitio la había visto, no sabía dónde pero mi yo interior así me lo decía. Mis dedos me decían que ya había tocado su piel blanca, mis labios decían que ya había besado aquellos labios carnosos y perfilados, mis oídos decían que ya habían oído antes el ruido de su pelo negro al rozar con el aire. Siempre había pensado que la vida era como una tela de araña, que todos estamos comunicados entre si ya sea en el presente, en el futuro o en el pasado. Sabía o creía saber que alguna vez estuve enamorado de aquella escultura perfectamente tallada, que su cuerpo había sido mío y que entre sus brazos yo me había perdido.
Algo malo tuve que hacer en otra vida para que ella se encontrara tan cerca de mí y a la vez tan distante en el tiempo.
Mis ojos intentaron ubicarla en alguna época, como si se tratara de aquel juego al que a una figura de cartón le ibas poniendo trajes mi mente la vio vestida de romana, de doncella, de campesina,  de monja.......hice una pausa y por fin me di cuenta  donde encajaba, su cuerpo era un perfecto vestido de los años treinta. Allí es donde nuestras vidas se cruzaron o donde nuestros destinos se alejaron. Todo empezó a darme vueltas y aquel bar de repente se convirtió en una sala de baile, en cuyo centro estaba ella bailando como si nadie estuviera su alrededor como si todos los de allí hubiéramos desaparecido y ella fuera el centro del universo. Aquellas imágenes despertaron en mi antiguos recuerdos olvidados de vidas pasadas. Pero todo sueño o recuerdo tiene un final y este llegó cuando el dueño del bar me recordó que tenía que salir de allí. Mire hacia la mesa donde ella estaba, pero no había nadie, en el tiempo que había estado recordando mi pasado ella había desaparecido. Una tristeza lleno me corazón pero a la vez mi mente me dijo las cosas no suceden porque si, a lo mejor tu destino era volver a verla, sentir lo que sentiste, amar lo que amaste.
Abandone aquel lugar tambaleándome como el borracho que era. Llegue a mi casa y me senté delante del ordenador, el cual estaba encendido, en la pantalla había una hoja en blanco. Mis dedos temblaban por el alcohol, y mi cabeza daba mil vueltas, haciendo que la habitación girara a mi alrededor. Suspire profundamente y los finos hilos que enlazan el presente con el pasado dirigieron mis dedos al teclado y escribí las primeras letras recordando su baile y a partir de aquí no pude parar pues mi vida y su vida en algún momento estuvieron enlazadas y querían que escribieran lo que fue nuestras vidas pasadas en aquella hoja en blanco recordando lo olvidado.

lunes, 18 de marzo de 2013

Vejez





Sentado en un rincón, olvidado de esta sociedad. El sol quema mi piel arrugada, mientras mis manos ya agrietadas juegan con un chusco de pan. Ante mí, mis únicas amigas, aquellas que hace tiempo pensé que eran ratas aladas ahora son las que me hacen compañía. Nunca había imaginado que aquel seria mi final. Tantos años vividos para acabar abandonado en un banco de aquel parque iluminado que me parecía el rincón más oscuro que había visto jamás. Creía que lo había tenido todo, pero realmente no tenía nada. Trabajar para vivir eso me decía. Cuando llegara mi ocaso disfrutaría de los bienes acumulados, pero nunca había contado que mi cuerpo fallaría, que mis manos anquilosadas me impedirían escribir, que mi cabeza y mis recuerdos una nube de olvido se volvería. Los placeres tuve que olvidar o ellos me olvidaron a mí, pues todos aquello que quería en un soplo de aire volaron aun mundo lejano, al cual mis piernas ya viejas no pueden llegar. Vivimos más eso si, pero para que si la salud y el que nos tendría que cuidar nos deja olvidados, para que me sirve llegar a una elevada edad si luego nadie se hace cargo de mí, pues soy una carga para el mundo y ese mismo mundo no quiere saber nada de mí.
Trabaja me decían que luego recogerás los frutos del árbol pues de este caerán, lo que no me dijeron es que estos no caían por si solos y que yo tendría que alargar el brazo para cogerlos, pero como me pregunto si mi cuerpo ya no me responde, y mi mente tiene un camino y mi ser corporal otro.
Mi vida fue plena puedo asegurarlo, siempre tuve lo que quise aunque nunca llegue a disfrutarlo, pensando que habría un momento para ello.
Olvidado, triste y abandonado el sol calienta mi piel, mis manos dan comida al infinito y el murmullo de las palomas es la única música coral que oigo. Dejarme que me convierta en estatua, y que sea el símbolo en aquel lugar de los viejos abandonados, que soñaron que aquel no seria su triste final.