miércoles, 26 de marzo de 2014

El Mando

                                
                Sentado en el sofá, perdido en pensamientos sin sentido, que no me llevan a ninguna parte. Delante mío la tele, caja boba, que transmite las mismas noticias de siempre. Aburrido y apático me encuentro, miro a mi alrededor y no encuentro nada que hacer. Una mentira, que mi subconsciente plantea, pues tengo la casa desordenada y mil cosas que hacer, pero no me apetece, no tengo ganas.  Meneo la cabeza de un lado a otro, buscando una escusa para no levantarme, sin darme cuenta mis manos ociosas, han bajado a mi pantalón y se han puesto a jugar en la entrepierna, cuando quiero darme cuenta me estoy rascando. Algo que antes parecía olvidado empieza a ponerse rígido, aquella pequeña cosa, arrugada y perdida entre mis piernas empieza a crecer. Creo que mi mente ya ha encontrado con que pasar el tiempo, con que jugar un rato. Allí sentado con mi miembro entre las manos, como si de un mando se tratara. Al principio solo es un juego para pasar el rato, pero poco a poco se va estimulando otra sensación en mi cerebro. Lo que era un simple pasatiempo se va convirtiendo en una excitación, que lentamente como si estuviera tocando un taco de billar, se va poniendo dura. Por mi cabeza pasan mil imágenes de mujeres desnudas, que desean hacer el amor conmigo ya sean ellas solas o en grupo. Hago una pausa, pues no sé si seguir con nubes en mi mente o buscar un estímulo más real, como fotos de mis revistas ocultas. Soy un clásico que todavía guarda bajo el colchón alguna que otra revista de dudosa reputación, también puedo buscar por Internet, ese lugar de pornografía barata, donde gente real disfruta de sus sexos mientras yo observo como un simple mirón. No tengo ganas de levantarme, pues si realizo ese acto podría ser que mi pasión y mi mano se bajaran del camino empezado. Miro la televisión y las mujeres que veo no levantan mi animo, no consiguen conectar con mi imaginación y realizar con ellas actos perversos, bueno es como algunos califican el tener sexo con otra persona. Noto que la lívido se baja , apago aquel aparato que mi calor no aumenta más bien lo apaga. Mejor me quedo en silencio, siempre he tenido buena imaginación y recuerdos agradables de aventuras con mujeres que me dieron su cuerpo pero me arrancaron el corazón. Me bajo los pantalones y me reclino en el sofá. Comienzo a menear mi miembro, suavemente no quiero que la cosa vaya con prisa, hasta que una voz en mi cabeza me diga ya esta ahí la imagen buscada el momento adecuado la mujer perfecta que tu imaginación ha creado para cumplir tus deseos más ocultos. Pero no es la imaginación lo que hace que lo mueva con más fuerza, sino los recuerdos olvidados de su cuerpo entre mis manos. Aquella noche en la playa, en que la que hicimos el amor, sin importarnos el presente o el futuro, solo dos cuerpos fusionados y llenos de pasión. Nos olvidamos de las miradas ocultas, que en la noche se esconden, nos daban igual solo queríamos disfrutar de nuestros cuerpos, de mis labios en su silueta de venus y los suyos en mi barco perdido.  Aquellos recuerdos del pasado, aumentaron mi ritmo y note como algo empezaba a evolucionar en mi volcán al rojo vivo, no me importaba donde aquel líquido fuera a parar, mis músculos se contrajeron y cuando al final todo aquel veneno salio, mi cuerpo se relajó, sintiendo un placer que no se puede describir con palabras. Las imágenes empezaron a desaparecer de mi cabeza de la misma manera que tú desapareciste aquella noche de verano.Paso un rato mientras miraba, el techo de la habitación, con mi miembro en mi mano y un líquido espeso recorriendo mi pierna. Ya no estaba aburrido, estaba relajado y el sueño empezó a invadirme como un manto que quisiera cubrir mi cuerpo. Me deje conquistar por este y allí me encontraba, en una escena surrealista.  Mi cuerpo todo estirado, con los pantalones por las rodillas y mi pene agarrado por mi mano, como si fuera un pájaro al que no quisiera dejar escapar. Y supongo que volví a soñar contigo, con aquella noche de verano, pues cuando desperté, algo se había despertado conmigo, algo se había puesto duro, y no era porque tuviera ganas de ir a mear, sino porque mi miembro quería jugar con las imágenes con las que había vuelto a soñar, quiera volver a tocar el mando pero no quiero cambiar de canal.