viernes, 2 de junio de 2017

Blade Runner ( Ficha Técnica )


Titulo Original : Blade Runner

Año: 1982

Director: Ridley Scott


Guión: Hampton Fancher, David Webb ( Basada en la novela de Philip K. Dick )

Música: Vangelis


Fotografía: Jordan Cronenweth


Reparto: Harrison Ford, Rutger Hauer, Sean Young, Daryl Hannah, Edward James Olmos, Joanna Cassidy, Brion James, Joe Turkel, M. Emmet Walsh,William Sanderson, James Hong, Morgan Paull, Hy Pyke






Genero: Ciencia Ficción


Sinopsis

A principios del siglo XXI, la poderosa Tyrell Corporation creó, gracias a los avances de la ingeniería genética, un robot llamado Nexus 6, un ser virtualmente idéntico al hombre pero superior a él en fuerza y agilidad, al que se dio el nombre de Replicante. Estos robots trabajaban como esclavos en las colonias exteriores de la Tierra. Después de la sangrienta rebelión de un equipo de Nexus-6, los Replicantes fueron desterrados de la Tierra. Brigadas especiales de policía, los Blade Runners, tenían órdenes de matar a todos los que no hubieran acatado la condena. Pero a esto no se le llamaba ejecución, se le llamaba "retiro".



jueves, 1 de junio de 2017

Nino Rota : Sabor Italiano


Siempre hemos asociado la violencia con sonidos que nos sacuden bruscamente, para sorprendernos. Estallidos fuera de control que sirven para mostrarnos una conducta asociada a la maldad. Mi oído asociaba la violencia con este tipo de música, pero esto cambió cuando escuche la canción que Nino Rota compuso para el “ El Padrino”.
A  Nino Rota no solo hay que recordarle por esta melodía, que nos pone en la piel de una familia mafiosa, sino por su relación con grandes directores italianos como Federico Fellini. Así que comencemos nuestro camino para conocer la vida de este gran compositor.

Nacido en Milán (Italia) el 3 de diciembre de 1911. Empezó a estudiar piano y solfeo a la edad de 8 años. En 1923 ingreso en el conservatorio de Milán, donde destaco por su precocidad ya que a la edad de once años compuso una oratoria, y a los trece, compuso una comedia lírica en tres actos “iL Principe porcaro (1925).


De 1937 a 1938 impartió clases de teoría y solfeo en la escuela de música Taranto. A partir de 1939 fue profesor de armonía, y después de composición, del Bari Liceo Musicale, y en 1950 pasó a ser su director, cargo que ocupó hasta 1978.

De su dilatada carrera como compositor la que mas nos interesa es la que comenzó a desarrollar en el cine a partir de los años 40 de manera continuada. Trabajo con todos los cineastas más importantes de su época: King Vidor, Luchino Visconti, Franco Zeffirelli y especialmente Federico Fellini.

Rota coincidido con Fellini en un par de películas en el que este era coguionista y su primera colaboración directa se produce en 1952 en “El jeque Blanco”, segunda película de Fellini.


Rota compone una música con reminiscencias circenses que subraya el carácter grotesco de los personajes. El resultado es muy satisfactorio para Fellini y al año siguiente colabora en “Los Inútiles” donde acentúa un perfil musical más dramático en el retrato de seres superficiales.

A partir de aquí se establece la complicidad creativa entre ambos. “La Strada (1954)” . En esta película no se concibe a la protagonista, genialmente interpretada por Giulietta Massina, sin esa música detrás que va enmarcando su evolución.



En “El Estafador” (1955) introduce elementos del Jazz, que calzan a la perfección en esa historia de pequeños y patéticos timadores. Continúa “Las Noches de Cabiria”(1956), Rota pone un telón de fondo musical a esa prostituta ingenua, engañada, mediante melodías alegres, bailables, pero falsas, inconsistentes, como las ilusiones de esa pobre mujer. Vuelve al Jazz e incorpora aires de Blues en “La Dolce Vita” (1969) como marco de ese fresco de las clases aristocráticas vacuas e indolentes.



En la obra más autobiográfica de Fellini, “Ocho y Medio” (1963) Rota incorpora a la banda sonora fragmentos de música clásica, aparte de una magnifica composición propia.



“Julieta de los espíritus” (1965) es el tributo de Fellini a su esposa, Giulietta Masina. Rota aporta a ese homenaje amoroso con unos sones, basculantes entre el Jazz y el Swing con agregados de música electrónica.


Siempre fascinado por el mundo del circo Fellini dirige “Los Clowns” (1970), cálido homenaje a ese universo. Esta vez su compositor preferido incluye en la banda sonora temas ya escuchados en otros cintas anteriores de índole circense. Festivos y nostálgicos que dejaron totalmente agradecido a Fellini.


Otro homenaje es “Roma ” de Fellini (1972), en esta oportunidad dedicado a la ciudad que lo cobijó y le dio trascendencia. Rota solo compuso música que acompañó funcionalmente las imágenes, destacándose nítido, el tema machacón, repetitivo, del desfile de moda de indumentaria religiosa, la secuencia más alucinante de la película.


“Amarcord”(1973) es la evocación de la juventud de Fellini, ambientada en Rímini, su pueblo natal, trata con amor y nostalgia a sus gentes y sus circunstancias. Rota interpreta cabalmente los sentimientos del director y le regala su mejor partitura con un tema central melancólico e inolvidable y no solamente a el sino a todos los mortales.



Para “El Casanova de Fellini” (1976), Nino Rota toma elementos de la música africana, árabe y asiática, componiendo una partitura compleja. La última colaboración se produce en “Ensayo de Orquesta” (1978) en su despedida Rota despliega todo su conocimiento clásico componiendo la totalidad de esos breves tramos de música que ensayan los protagonistas.


Creo que estas palabras de Fellini definen perfectamente la relación de dos genios del cine: 

“Mi predilección por Rota como músico se basa en que le encuentro muy próximo a mis temas y a mis historias, y en que trabajamos juntos (no me refiero a los resultados sino al modo de trabajar) muy bien. No le sugiero los temas musicales porque no soy músico. Sin embargo, como tengo una idea bastante clara de la película que estoy haciendo, incluidos los detalles, el trabajo con Rota se efectúa exactamente igual que la elaboración del guion. Me pongo cerca del piano en el que se instala Nino y le digo exactamente lo que quiero. Naturalmente, no le dicto los temas, solo puedo guiarle y decirle justamente lo que deseo. De todos los músicos que trabajan en el cine él es, a mi parecer, el más humilde”.

Dejando aun lado su relación con Fellini tenemos que destacar otras composiciones suyas como la que compuso para Lina Wertmuller en “ Amor y Anarquía”, Rene Clement en “A pleno sol”, “Romeo y Julieta” de franco Zeffirelli y para Luchino Visconti la magnifica “El gatopardo.”



Nino Rota falleció el 10 de abril de 1979 y no podría termina este artículo sin recordar la película con la que empece a describir a Nino Rota y no es otra que “El Padrino”. Coppola lanzó el guante pare que con su música, Rota describiera a una familia mafiosa que estaba condenada aun destino fatal de muerte y de violencia. Y este defraudó realizando una composición magnifica.

El padrino” es una de las bandas sonoras que están en la memoria de cualquier persona que ama el cine, además que fue un gran éxito comercial. Gano el Globo de Oro en su momento pero no así el Oscar porque el tema “Love Theme”, ya que no era una pieza original pues Nino Rota ya la había utilizado en una película en 1958. Aun así gano dicha estatuilla por “El padrino II”.





La verdad es que cuando más escucho, estas dos canciones, mas ganas me dan de ser mafioso, para tenerlas como banda sonora de una vida. 

miércoles, 31 de mayo de 2017

Carteles Películas de los años 20 ( III )


EL Chico ( The Kid ) ( 1921 )    

Director : Charles Chaplin  



 El Castillo Encantado  ( 1921 )

     Director : F.W. Murnau

 

El Espejo de las tres Caras ( 1927 )
      
Director :Jean Epstein   



Siete Ocasiones ( 1925 )

Director : Buster Keaton



sábado, 27 de mayo de 2017

Inspiración Macabra



macabro, macabra
adjetivo
Que tiene relación con el aspecto más repulsivo y desagradable de la muerte.


Hace tiempo para poder inspirarme a la hora de escribir bebía alcohol, pero esto me produjo una adicción que me costo un matrimonio, así que tuve que dejar la bebida, pues si seguía por ese camino también me iba a costar la vida. Pero no fue la vida lo que perdí sino mi inspiración a la hora de escribir. Las hojas estaban en blanco aunque las ideas rondaban mi cabeza, pero ninguna querían salir, preferían encerarse esperando que algo las despertara. Como siempre y ante la falta de ideas me quede dormido delante del ordenador, pues me desperté con las manos cruzadas sobre la barriga y entre bostezo creí oír un ruido, mire a mi alrededor, y no vi a nadie, aunque yo hubiera jurado oír algo. Allí solamente estábamos yo y mis utensilios de escritura, que como siempre se encontraban en blanco. En estas fechas del año, cuando el calor apretaba en la gran ciudad, me iba a la casa del pueblo, un edificio de tres plantas en cuyo último piso había establecido mi estudio, desde el cual podía observar toda la montaña, que a veces me había servido de inspiración de alguno de mis relatos, o fue el alcohol no lo sé la verdad, lo único que era seguro en es que en aquellos momentos no me servia para nada. Estire los brazos y me desperece y de nuevo creí oír un ruido, que provenía de los pisos de abajo, aquello no podía ser ya que estaba yo allí solo. Un escalofrió recorrió mi cuerpo y en ese momento pensé lo bien que vendría un trago. Tuve que apartar aquella idea, por una vez quería que mi fuerza de voluntad fuera más fuerte que cualquiera otro pensamiento que se me cruzara por mi cabeza. El sol ya se estaba ocultando tras las montañas y la oscuridad empezaba a ganar terreno.  Fui a la cocina que se encontraba en el primer piso y saque de la nevera un refresco y un emparedado que me había preparado con anterioridad por si el hambre me entraba. En aquel silencio solo se oía el ruido de mi boca al mascar, esta situación por un instante me puso nervioso, hasta que oí un portazo en los pisos superiores. Di un brinco y casi me ahogo con el bocado que tenía entre los dientes. Comencé a toser buscando con mi mano la bebida que tenía a mi lado, cuando al final la encontré le di un gran trago. Cuando me calme un poco, y por fin pude pensar un escalofrió recorrió mi espalda, aquella casa parecía que había sido construida para que no corriera el aire, por lo tanto, aquello no podía haber sido una puerta que se cerrara de golpe. Deje la bebida sobre la mesa y me dirigí hacia la escalera, eso si antes cogí aquella porra de madera, que tenía por seguridad en la que se podía leer “ Anestesia Rápida ”. El sol ya se había ocultado y comencé a subir mientras encendía la luz de la primera planta. Todas las puertas estaban abiertas por lo tanto aquel estruendo de puerta no se había producido allí, así que continué subiendo, asegurándome que allí ni había nadie no quería dejar nadie escondido a mis espaldas.  Hasta ese momento no había tenido miedo pero el saber que quedaban menos pisos y que con algo me podía encontrar hizo que se me acelerara el corazón. Aquella escalera estrecha  me parecía la boca del infierno en aquel instante y lo que realmente me aterraba es que no estaba bajando sino subiendo. Llegue al segundo piso y también estaba vació ya solo me quedaba mi estudio aquel lugar falto de inspiración. Subí con cuidado haciendo el menos ruido posible, y encendí la luz. Una figura se encontraba paralizada delante mío, en su mano una linterna y una bolsa donde estaba metiendo mi portátil. Nos miramos por un instante y cuando vio mi porra en la mano intento huir por la ventana que daba a a los tejados contiguos, pero fue más rápido que el y por una vez en mi vida no me quede paralizado y me abalance sobre el propinando un fuerte golpe en la cabeza, que hizo que cayera al suelo con un golpe sordo. Una sonrisa se dibujó en mi rostro, nuca había tenido valor para hacer cosas como estas, y por una vez me sentía bien conmigo mismo, pero todos aquellos pensamientos de victoria desaparecieron cuando mi conciencia me advirtió que podía estar muerto. Me acerque al cuerpo, y observe que en su cabeza había una gran herida de la que brotaba la sangre y comprobé si respiraba, en mis relatos parecía más simple encontrar a una persona el pulso pero como no sabía si lo estaba haciendo bien, así que mire si el pecho subió y bajaba, nada. Coloque mi oído junto a la boca para escuchar la respiración, nada. Acerque mi mejilla a la boca y nariz de aquel cuerpo para notar el calor del aire espirado y nada. Estaba claro aquel cuerpo no tenía vida. No sabía como reaccionar así que deje caer mi cuerpo sobre la silla más cercana, deje caer la porra al suelo y comencé a llorar. No sabía que hacer, había matado a un hombre, al principio todo me pareció oscuro pero según me fui calmando, una sensación extraña recorrió mi cuerpo no sé como explicarla, pero no sentí tantos remordimientos como yo pensaba después de realizar una acción tan vil como aquella.Después de un rato observando aquel cuerpo sin vida, me di cuenta de que en mi cabeza había miles de ideas que querían salir, cogí una libreta de un cajón y un lápiz y empece a escribir, era increíble las letras brotaban solas, no necesita casi ni pensar. 

Estaba escribiendo.

Pasaron los días y casi tenía mi obra maestra terminada. La cosa no había cambiado mucho aquel cuerpo que estaba sentado delante mío empezaba a oler, cosa que se podía evitar si bajaba al pueblo y compraba unos ambientadores. La inspiración solo bien de vez en cuando y la verdad no podía dejar pasar aquella oportunidad que se me presentaba antes de que el cuerpo se pudriera o la policía me descubriera, pero esperaba que lo segundo no se produjera pues ya estaba pensando en mi próxima obra y creo que para ella necesitaré un nuevo cadáver.

domingo, 26 de marzo de 2017

Cuentos : El príncipe feliz por Oscar Wilde

El príncipe feliz es un cuento de hadas escrito por el poeta, escritor y dramaturgo irlandés Oscar Wilde. Fue publicado por primera vez en 1888 en El príncipe feliz y otros cuentos. Fue escrito dos años después de haber nacido el último hijo del autor, Vyvyan Holland. El cuento es una obra educativa moralista, la cual intenta transmitir un mensaje de valores y principios éticos en niños y adultos.


En lo alto de la ciudad, sobre una elevada columna, se erguía la estatua del Príncipe Feliz. Estaba enteramente recubierta de finas láminas de oro, sus ojos eran dos brillantes záfiros y un gran rubí destellaba en la empuñadura de su espada. 
Una noche voló sobre la ciudad una pequeña golondrina: “¿Dónde me hospedaré esta noche?” -se dijo- “Espero que la ciudad haya hecho preparativos.” Entonces vio la estatua sobre la elevada columna. “Me hospedaré allí” -exclamó- “Es una excelente ubicación con mucho aire fresco.” 


De manera que se posó entre los pies del príncipe feliz. “Tengo recámara de oro” –musitó mientras miraba en derredor, y se dispuso a dormir; pero en el momento en que estaba poniendo su cabeza bajo el ala, cayó sobre él una gruesa gota de agua. “¡Qué cosa curiosa!” –exclamó- “No hay una sola nube en el cielo y las estrellas se ven claras y brillantes, y sin embargo está lloviendo.”
Entonces cayó otra gota. “¿De qué sirve una estatua si no puede guarecer contra la lluvia?” –dijo- “Debo buscar un buen sombrerete de chimenea”, y decidió partir. Pero antes de que desplegara las alas, cayó una tercera gota, y miró hacia arriba, y vio -¡Ah! ¿Qué fue lo que vio? Los ojos del príncipe Feliz rebosaban de lágrimas, y más lágrimas se deslizaban por sus mejillas doradas. 


Su rostro lucía tan hermoso a la luz de la luna que la pequeña golondrina sé vio embargada por la emoción. “¿Quién eres?” –dijo. “Soy el príncipe feliz.” “¿Por qué lloras, entonces?” –preguntó la golondrina- “Me has empapado.”

 " Cuando estaba vivo y tenía un corazón humano” –respondió la estatua- “no sabía qué cosa eran las lágrimas, pues vivía en un Palacio donde no se permite la entrada al pesar. De día jugaba con mi compañero en el jardín, y de noche conducía el baile en el Gran Salón. Un alto muro cercaba el jardín, pero nunca sentí deseos de preguntar qué había del otro lado: todo lo que me rodeaba era tan hermoso. 

Mis cortesanos me llamaban el príncipe Feliz y de hecho así era, si es que el placer es felicidad. Así viví, y así morí. Y ahora que estoy muerto me han puesto aquí, tan alto que puedo ver toda la fealdad y toda la miseria de mi ciudad, y aunque mi corazón es de plomo no puedo sino llorar.” 

“Lejos de aquí” –continuó la estatua en voz baja- “lejos de aquí en una callejuela hay una casa pobre. Una de las ventas está abierta, y en ella puedo ver a una mujer sentada ante una mesa. Su rostro es delgado y sufrido, y sus manos toscas y enrojecidas están llenas de pincha duras, pues es costurera. 

Está bordando pasionarias sobre un vestido de satén para la más bella de las damas de honor de la reina, quien lo lucirá en el próximo baile de la Corte. 
Sobre un lecho en un rincón de la habitación yace enfermo su pequeño hijo. Tiene fiebre, y pide naranjas. Su madre solo tiene para darle agua del río, y el niño llora. 

Golondrina, golondrina, pequeña golondrina, ¿no le llevarías el rubí de mi empuñadura? Mis pies están clavados a este pedestal y no me puedo mover.” “Me esperan en Egipto,” –dijo la golondrina.- “Mis amigos vuelan a lo largo del Nilo y conversan con las grandes flores de loto.”

 “Golondrina, golondrina, pequeña golondrina,” –dijo el Príncipe- “¿no te quedarías conmigo por una noche, para ser mi mensajero? El niño está tan sediento, y la madre tan triste.” El príncipe Feliz se veía tan apesadumbrado que la pequeña golondrina sintió pena. “Hace mucho frío aquí,” –dijo- “pero me quedaré contigo una noche y seré tu mensajero.” 


“Gracias, pequeña golondrina”, dijo el Príncipe. Así que la golondrina sacó el gran rubí de la espada del Príncipe y llevándolo en el pico, voló sobre los techos de la ciudad. Por fin llegó a la vivienda pobre y miró hacia adentro. El niño daba vueltas, afiebrado, en su lecho, y la madre se había dormido, vencida por el cansancio. Hacia adentro saltó la golondrina, y dejó el gran rubí sobre la mesa al lado de un dedal. Luego voló suavemente alrededor del lecho, abanicando la frente del niño con sus alas. “Cuán fresco me siento,” –dijo el niño,- “debo estar sanando”; y se hundió en un delicioso sueño.

 Entonces la golondrina voló de regreso al príncipe feliz, y le contó lo que había hecho. “Es curioso,” –comentó- “siento una extraña tibieza, aunque hace tanto frío.” “Eso es porque has hecho una buena acción,” dijo el príncipe. La noche siguiente al asomar la luna, la golondrina voló donde el príncipe. “¿Tienes algún mensaje para Egipto?” –gritó- “Me estoy poniendo en camino.” “Golondrina, golondrina, pequeña golondrina,” –dijo el príncipe- “¿No te quedarías conmigo una noche más?”


 “Golondrina, golondrina, pequeña golondrina,” –dijo el Príncipe, “lejos de aquí veo a un joven en una habitación. Está inclinado sobre un escritorio cubierto de papeles, y en un florero a su lado hay un ramo de violetas marchitas. Está tratando de terminar una obra para el director del Teatro, pero tiene demasiado frío como para seguir escribiendo. No hay fuego en el hogar, y el hambre lo ha debilitado.” “Me quedaré contigo una noche más,” –dijo la golondrina, quien en realidad tenía buen corazón.

 “¿Quieres que le lleve otro rubí?” “¡Ay de mí! Ya no tengo rubíes,” –dijo el Príncipe; mis ojos son lo único que me queda. Están hechos de zafiros que fueron traídos de la India hace mil años. Saca uno de ellos y llévaselo. Él se lo venderá al joyero, y comprará comida y leña, y terminará su obra.” “Querido Príncipe,” –dijo la golondrina- “No puedo hacer eso”, y comenzó a llorar.

“Golondrina, golondrina, pequeña golondrina,” –dijo el Príncipe, “haz lo que te ordeno.” Así es que la golondrina sacó el ojo del Príncipe, y voló hasta la habitación del estudiante. Le fue fácil entrar, ya que había un agujero en el techo. El joven se había tomado la cabeza entre las manos, de manera que no escuchó el aleteo del pájaro, y cuando alzó la mirada se encontró con el hermoso zafiro brillando entre las violetas marchitas. “Estoy comenzando a ser apreciado,” –exclamó- “esto es de algún gran admirador. Ahora puedo terminar mi obra,” y lucía muy feliz. 


Al día siguiente la golondrina regresó donde el Príncipe Feliz. “He venido a despedirme,” –le dijo. “Golondrina, golondrina, pequeña golondrina,” –dijo el Príncipe, “¿te quedarías conmigo una noche más?” “Es invierno,” –contestó la pequeña golondrina, “y pronto llegará la fría nieve. En Egipto el sol brilla tibio sobre las verdes palmeras, y los cocodrilos yacen en el barro con mirada perezosa. 

Querido Príncipe, debo dejarte, pero nunca te olvidaré, y la primavera que viene te traeré dos bellísimas piedras preciosas para poner en lugar de aquellas que has regalado. El rubí será más rojo que una rosa roja, y el zafiro será azul como el gran mar.” 

“En la plaza aquí abajo”, -dijo el Príncipe Feliz, “hay una pequeña vendedora de fósforos. Sus fósforos han caído a la alcantarilla, están arruinados y la niñita está llorando. No tiene zapatos ni medias, y su cabecita está desnuda. Saca mi otro ojo y dáselo.” “Me quedaré contigo una noche más,” –dijo la golondrina- “pero no puedo sacarte el ojo. Quedarías totalmente ciego.” 

“Golondrina, golondrina, pequeña golondrina,” –dijo el Príncipe, “haz lo que te ordeno.” Así que la golondrina sacó el ojo del Príncipe, y voló velozmente hacia abajo. Pasó volando por donde se encontraba la pequeña y deslizó la joya en la palma de su mano. “Qué precioso trocito de vidrio,” –exclamó la niña; y corrió a su casa, riendo de alegría. 


Entonces la golondrina regresó donde el Príncipe. “Estás ciego ahora,” –dijo- “así es que me quedaré contigo para siempre.” “No, pequeña golondrina,” –dijo el Príncipe- “debes partir hacia Egipto.” “Me quedaré contigo para siempre,” –dijo la golondrina, y se durmió a los pies del Príncipe. A lo largo del día siguiente el pajarito, posado sobre el hombro del Príncipe, le relató historias de lo que había visto en tierras extrañas. 

“Querida golondrina,” –dijo el Príncipe- “me hablas de cosas maravillosas, pero nada es más maravilloso que el sufrimiento de hombres y mujeres. No hay misterio tan grande como la miseria. Vuela sobre mi ciudad, pequeña golondrina, y dime lo que ves.” Así es que la golondrina voló sobre la gran ciudad, y vio a los ricos festejando en sus hermosas casas, mientras los pordioseros mendigaban a sus puertas.


 Se internó en oscuros callejones, y vio los rostros pálidos de niños famélicos mirando con indiferencia las negras calles. Bajo el arco de un puente, dos pequeños se abrazaban para darse calor. “¡Cuán hambrientos estamos!”, decían. “No pueden estar allí,” –les gritó el Cuidador, y los pequeños salieron bajo la lluvia. Entonces la golondrina regresó y le contó al Príncipe lo que había visto.

 “Estoy recubierto de fino oro,” –dijo el Príncipe- “debes quitármelo, hoja por hoja, y dárselo a mis pobres; los vivos siempre piensan que el oro puede darles la felicidad.” Hoja tras hoja, la golondrina quitó las láminas de oro, hasta que el Príncipe Feliz quedó muy deslucido y gris. Hoja tras hoja del fino oro la golondrina entregó a los pobres, y los rostros de los niños tomaron color, y reían y jugaban en las calles. “¡Ahora tenemos pan!” –exclamaban.


 Entonces llegó la nieve, y tras la nieve la escarcha. Las calles relucían como si estuvieran hechas de plata; largos carámbanos pendían como dagas de los aleros, todos se envolvían en pieles, y los pequeños llevaban gorros rojos y patinaban sobre el hielo. La pobre golondrina sintió más y más frío, pero no quería abandonar al Príncipe; lo quería demasiado. Pero finalmente supo que iba a morir.

 Apenas tuvo fuerzas para volar hasta el hombro del Príncipe una última vez. “¡Adiós, querido Príncipe!”, -murmuró- “¿permitirás que te bese la mano?”. “Me alegra que por fin vayas a Egipto, pequeña golondrina,” –dijo el Príncipe-, “te has demorado demasiado tiempo aquí; pero debes besarme en los labios, pues te amo.” “No es a Egipto que voy,” –dijo la golondrina. Y besó los labios del Príncipe, y cayó muerta a sus pies. En ese momento sonó un curioso ruido dentro de la estatua, como de algo que se rompía. El hecho es que el corazón de plomo se había partido en dos.



Temprano a la mañana siguiente, el Alcalde recorría la plaza en compañía de los Concejales de la Ciudad. Al pasar frente a la columna, miró hacia arriba, hacia la estatua: “¡Caramba! ¡Cuán andrajoso luce el Príncipe Feliz!”, -dijo. “¡Muy andrajoso, realmente!” –exclamaron los Concejales, quienes siempre coincidían con el Alcalde, y se acercaron a inspeccionar la estatua. “¡Hasta hay un pájaro muerto a sus pies!” –continuó el Alcalde. 

“Debemos emitir una proclama prohibiendo a los pájaros morir aquí.” Y el Escribiente de la Ciudad tomó nota de la sugerencia. De manera que derribaron la estatua del Príncipe Feliz. Luego fundieron la estatua en una horno. “¡Qué cosa rara!” –dijo el capataz de los obreros de la fundición. “Este corazón partido no se funde en el horno. Debemos arrojarlo a la basura.” Y lo arrojaron sobre una pila de deshechos, donde también yacía la golondrina muerta. 


“Traedme las dos cosas más preciosas de la ciudad,” –le dijo Dios a uno de sus Ángeles; y el Ángel le trajo el corazón de plomo y el pájaro muerto. “Has elegido bien,” –dijo Dios- “pues en mi jardín del Paraíso este pajarito cantará por siempre, y en mi ciudad de oro el Príncipe Feliz me alabará.” 

domingo, 12 de marzo de 2017

Las Amistades Peligrosas ( Ficha Técnica )


Titulo Original : Dangerous Liasisons

Año : 1988

País : Reino Unido

Director :Stephen Frears



Guion : Christopher Hampton ( Novela : Choderlos de Lacios )

Música : George Fenton

Fotografía : Philippe Rousselot




Reparto: Glenn Close, John Malkovich,Michelle Pfeiffer,Keanu Reeves, Uma Thurman,Swoosie Kurtz,Mildred Natwick,Peter Capaldi,Valerie Gogan,Laura Benson




Productora: Warner Bros presenta una producción Lorimar film

Genero : Drama de época. Siglo XVIII

Sinopsis: Francia, siglo XVIII. La perversa y fascinante Marquesa de Merteuil (Glenn Close) planea vengarse de su último amante con la ayuda de su viejo amigo el Vizconde de Valmont (John Malkovich), un seductor tan amoral y depravado como ella. Una virtuosa mujer casada, Madame de Tourvel (Michelle Pfeiffer), de la que Valmont se enamora, se verá involucrada en las insidiosas maquinaciones de la marquesa.

Premios:  
1988 : 3 Oscar: Mejor Guion Adaptado, Dirección Artistica,Vestuario
1989 : Premios César: Mejor Película Extranjera.




jueves, 9 de marzo de 2017

Western y Pasión : Ennio Morricone


 El otro día alguien me dijo que si una música te inspirara es porque has visto antes la película. El comentario me hizo reflexionar si esto podría ser cierto, así que me puse a escuchar música al azar y de repente me di cuenta de un detalle si hay un compositor de música de cine con el cual no es necesario ver la película para saber que se trata, ese es Ennio Morricone. 

Sus composiciones engloban todo un género y no solo una escena de una película, si quieres ser vaquero escucha su música súbete a un caballo y te dará igual donde sonaba la canción pues esta hecha para esa escena de tu vida.

Este compositor nació en 1928 en el barrio del Trastevere de Roma. A los nueve años, ingresó en la Academia Nacional de Santa Cecilia de Roma, donde estudió trompeta y composición. También estudió música coral y dirección de coros. Al mismo tiempo, trabajó como trompetista en varias orquestas en Roma, formándose así con un carácter eminentemente práctico y creándose una red de contactos en el mundo del entretenimiento.
Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial y en los años venideros, lo que más abundaba en Italia era la hambruna, Morricone la padeció y ello le inspiró para realizar las bandas sonoras de las películas que estaban ambientadas en ese período.
Después de obtener el título de trompetista, inició su carrera como compositor, dedicándose particularmente a la música vocal y de cámara. Su producción “culta” abarca piezas corales y de cámara. Durante la década de 1950 completó su formación de la mano del gran Godofredo Petrassi. En 1955 comenzó a arreglar música para películas, actividad que interrumpió por su servicio militar.
En 1958 aceptó un empleo como asistente de dirección para la RAI, pero el primer día de trabajo abandonó. En lugar de eso, y todavía influido por el vanguardismo de su maestro Petrassi, se matriculó en un seminario impartido por John Cage en Darm-stadt.
Es difícil saber qué hubiera sido de la posterior carrera de Morricone si las circunstancias lo hubieran convertido en otro de los compositores italianos de vanguardia durante la década de 1960. Pero por suerte la historia quiso que en 1961, compusiera su primera banda sonora para el cine. Se trataba de la música para la película Il Federale, de Luciano Salce. En 1964 comenzaron sus colaboraciones para Bernardo Bertolucci y Sergio Leone. Curiosamente, fue el cine de este último el que le dio fama.
Ennio Morricone y Sergio Leone fueron compañeros de colegio (Leone no lo recordaba hasta que no vio una fotografía que lo demostraba), después de su infancia, volvieron juntos, esta vez, profesionalmente desde 1964. 
Durante el mismo período Morricone comenzó a colaborar también con Bernardo Bertolucci. La primera banda sonora fue para Leone, que escribió para la película Por un puñado de dolares, seguido de La muerte tiene un precio, El bueno el feo y el malo, Hasta que llego su hora. Una colaboración que duró hasta la última película de Sergio Leone, Érase una vez América.

Aquí voy a hacer un pequeño inciso, al nombrar la banda sonora de la película Por un puñado de dolares, me recuerda a mi juventud. El pasillo de la casa de mis abuelos, mi hermano a un lado yo al otro, terminábamos de ver la película y ya nos retábamos a un duelo mientras en nuestra cabeza sonaba la música de la película, el desenlace de dicho combate quedara en los anales de la historia como el castigo que recibimos después.


La creciente actividad cinematográfica le haría abandonar a finales de la década la faceta “culta” de su producción, sobre todo a raíz del estruendoso éxito de la música para El Bueno, el feo y el malo de Sergio Leone. La fórmula de Morricone era tan sencilla como efectiva: orquestaciones poco densas, pero con un sonido seco y transparente que años más tarde inspiraría a muchas bandas de rock, temas que se clavaban inmediatamente en la memoria del oyente, y un enorme respeto por la trama y los personajes del filme. A partir de 1970 inició una nueva actividad, la pedagógica. Maestro de composición en el Conservatorio de Frosinone. Esta etapa favoreció un cierto retorno a su faceta de autor, en forma de una colaboración con el Studio R7 de Música Electrónica.
Un año más tarde, después de trabajar siempre en Europa, aceptó un encargo americano, concretamente del gran Edward Dmytryk, para quien compuso la música de El factor humano. Su relación con Estados Unidos nunca fue positiva: el estilo de vida estadounidense no le atraía en absoluto, se negó a instalarse en Los Ángeles y, más aún, a aprender inglés. Aun así, fue nominado cinco veces al Oscar, la primera en 1979 por el wéstern Días del cielo.
Después de veinte años de una gran actividad, lo que implica una producción de calidad con altos y bajos en 1983 se convirtió en miembro del Consejo de Administración de la asociación Nuova Consonanza, dedicada a la música contemporánea, y redujo drásticamente su producción para el cine. A pesar de ello, tuvo tiempo de firmar en 1984 la que muchos consideran su mejor partitura: la banda sonora de Érase una vez América, el último película de su amigo Sergio Leone.



En 1986 fue nominado por la banda sonora de La Misión, pero sorprendentemente tampoco se llevó el Oscar, una decisión por parte de los miembros de la Academia de las Artes y las Ciencias de Hollywood que hoy aún le resulta incomprensible a Morricone y a mí. Escucharla y luego buscáis la que gano y dar una opinión.



Dos años más tarde volvió a quedarse a las puertas de la gloria con una tercera nominación, por Los intocables de Elliot Ness, de Brian de Palma. Aún volvería a ser nominado en otras dos ocasiones: en 1992, por Bugsy de Barry Levinson y en 2001, por Malena, de Giuseppe Tornatore.

Volcado hacia finales de la década de 1980 y la primera mitad de la década de 1990 en su producción culta, Morricone recibió un auténtico rosario de premios, homenajes y reconocimientos en forma de programaciones y ciclos de conciertos a lo largo y ancho de toda la geografía italiana. La culminación fue la concesión, por iniciativa del primer ministro Oscar Luigi Scalfaro, del título de Commendatore dell’Ordine Al Merito della Reppublica Italiana en 1995.

Sorprendentemente, en la edición de los Óscar de 2006, Ennio Morricone recibió por fin una estatuilla por parte de la Academia, en reconocimiento a su inmensa carrera. Un premio que llegó cuando Morricone ya no lo necesitaba, pero que, según reconoció, “finalmente me lo quedaré”.

En 2016 recibió el Óscar en la categoría de Mejor banda sonora original por la película 'Los Odiosos Ocho', después de haber sido nominado seis veces en esta categoría en ediciones anteriores, convirtiéndose así en el galardonado más longevo en dicha categoría en la historia de los premios Óscar.

Pensaba dejar de escribir sobre Ennio Morricone, pero de me di cuenta de me estaba dejando muchas bandas sonoras que me han marcado de este autor y a las cuales no puedo dejar de hacer referencia, sobre todo a dos en especial. Cinema Paraíso de Giuseppe Tornatore y Novecento de Bernardo Bertolucci.
La primera me sirve para amar y la segunda me empuja a luchar, pero esto son solo apreciaciones personales. Escucharlas y luego cada uno que saque su opinión.