sábado, 25 de febrero de 2017

El autobús



Sentado y esperando con la mirada perdida, que pasara el autobús para que me llevara a mi destino. Como siempre llegaba tarde, pero no me importaba, pues yo era de esas personas que se tomaban la vida con calma, en resumen era impuntual, pero era una manera de justificarme a mí mismo, era decirme estas palabras.
Llevaba los auriculares puestos y estaba escuchando antiguas canciones, mientras esperaba que llegara mi transporte publico. Los coches pasaban ante mis ojos y las personas con su habitual rapidez, les impedía pararse a observar lo que les rodeaba. Cuando vas rápido a los sitios solo tienes una cosa en la cabeza y es tu destino, sin darte cuenta que en tu camino te vas perdiendo las pequeñas maravillas sin importancia de este mundo.
Mientras pensaba esto sucedió algo que iba a cambiar mi vida. A lo lejos vi venir el autobús y sin pensarlo me levante pensando que seria el mío, aquel que yo esperaba, pero no lo era, así que me volví a sentarme, pero en ese instante la vi. En aquel transporte que pasaba de largo en mi parada estaba ella. Su pelo liso de color moreno, sus dos grandes ojos oscuros que se clavaron en los míos como una espada en el pecho. Sentí como mi corazón latía más rápido, intentado quitar la mirada que no podía. Aquellos enormes ojos me estaban atrapando en su tela de araña. Puedo decir que todo sucedió en décimas de segundo, antes de que la perdiera de vista. Aquella extraña situación que no había durado nada en el tiempo, consiguió que un hombre como yo que me consideraba frío y distante me hubiera enamorado de una mirada perdida.El resto del día fue una sombra que paso sin más por mi vida, solamente pensaba en aquellos ojos que quería volver a ver, pero era algo tan difícil como que me tocara la lotería.
Aquella noche cuando dormía comencé a soñar con ella. No sabía cómo era su cuerpo, pero en mi sueño lo tenía claro. Me encontraba en una inmensa playa, y comencé a moldear su figura con la arena que había a mi alrededor, pero esta se desvanecía entre mis dedos cada vez que estaba a punto de terminar su cuerpo. Cada vez que llegaba a este punto me despertaba y me volvía a dormir y soñaba con lo mismo, hasta que se convirtió en una pesadilla. Aquella noche no pude dormir bien.


Al día siguiente baje a la misma hora, pensando que a lo mejor tenía suerte y coincida de nuevo con ella. Allí parado esperando que el próximo vehículo que pasar me trajera una ligera esperanza. Aquí llegaba el mismo número de autobús en el que ella pasó el día anterior. Todo en mí palpitaba y el sudor me envolvía la frente, paso por delante mío y en el mismo sitio que el día anterior allí se encontraba.Tuve suerte pues el autobús se paró en el semáforo que esta al lado de la parada. Nuestras miradas se cruzaron esta vez más de medio segundo. En sus ojos pude ver calor, es tipo de calor que te envolvían en una noche fría y no quieres que desaparezca de tu vida. El semáforo se puso en verde, y en aquellos minutos que a mí me parecieron horas, me di cuenta de que ella no me aparto la mirada de mí, lo cual hizo que me pusiera rojo, al darse cuenta de aquello dejo escapar una ligera sonrisa. El autobús se puso en marcha y una voz interior me dijo, mañana volverás a verla. 
Aquella noche volvía a soñar con ella, pero en mi sueño algo cambiaba, y esta diferencia era que en su rostro había una sonrisa. Unos labios que dibujaban dulzura en su rostro y entre los cuales yo me encontraba extasiado y a gusto, y aunque su cuerpo se desvanecía entre mis dedos, el sueño no se convirtió en pesadilla.


Al día siguiente me encontraba preparado para coger aquel autobús, no sabía dónde me llevaría, pero esperaba que ella estuviera dentro. A lo lejos vi el número en aquel dragón enorme rojo con el que me tenía que enfrentar si quería verla. Levante mi mano sudorosa, la bestia se paró y subí dirigiéndome a la zona en la siempre la había visto, pero allí no estaba. Así que me senté donde ella había estado aquellos días.
Mi mirada triste se perdió en el infinito de aquella enorme ventana del autobús, mis pensamientos estaban perdidos en lo que pudo ser y no fue, sin darme cuenta que alguien se sentaba a mi lado. Una ligera tos me hizo salirme de mi trance y fijarme en la persona que tenía a mi lado, todo mi cuerpo se erizó, pues aquella tos era ella. No podía creerlo había pasado del que daba la sorpresa a ser el sorprendido.Por mi cabeza pasaban mil frases, pero mis labios se encontraban sellados. Allí mirándola de reojo, mientras mi boca se negaba a decir palabra alguna. Durante el trayecto mi imaginación volaba entre nubes en las cuales los dos hacíamos el amor de forma salvaje, pues su cuerpo ya me real y no se me desvanecía entre mis manos. Cuando volví al mundo físico, ella se estaba incorporando, pues había llegado a su destino. Se levantó con elegancia dejando sobre el asiento un papel doblado, se dirigió a la puerta y desapareció en su parada.


Mire aquel papel varias veces antes de cogerlo, pues tenía miedo de las palabras que allí me pudiera encontrar, pero necesitaba saber que tenía escrito, así que lo abrí y comencé a leerlo :

" Si estás leyendo esta nota es porque no
te has atrevido a decirme nada y yo he dado el primer paso.
Mi numero de teléfono es 506067507. espero que no pienses
que soy una chica fácil, pero tienes unos ojos preciosos
que no paro de verlos en todas parte,
Mi nombre es Ainhoa. "

Un corriente paso por todo mi cuerpo, pues la suerte me sonreía. Si el autobús hubiera sido una carroza, le hubiera dicho al conductor que parar y que le diera la vuelta a los caballos y que me llevara a casa, pero como no lo era me baje en la siguiente parada y volví andando esperando que en este paseo el tiempo transcurriera para no parecer un desesperado.


Una vez en casa me encerré en mi habitación y como le suele suceder a los tímidos no me atrevía a llamarla. Aquel pequeño objeto se me hacia gigante ante mis ojos, pero no podía esperar más así que lo agarre y marque su numero. Al instante comenzó a sonar y una voz me respondió al otro lado:

 - Dígame.

El corazón me estaba a punto de estallar.

- ¿ Ainhoa? - las palabras brotaban temblorosas de mi boca.

- Sí - dijo una voz dulce que solo la puedo compara con la de un ángel.

Me quede callado no sabía que decir, cuando necesitaba las palabras estas se escondían.

- Sí - volvió a repetir.

- Hola, - dije tímidamente -soy el chico del autobús y me preguntaba que pasaría si te llamaba.

- Pues que todo mi cuerpo se estremece al oír tu voz por primera vez chico desconocido del autobús.

- Puedo dejar de ser un desconocido, ¿ si tú quieres ?

-Vale, preséntate, tu ya sabes mi nombre.

- Mi nombre es Alex y vivo...

- No sigas hablando- me cortó ella- si no, no tendrás nada que decirme cundo nos veamos por primera vez.

- Tienes razón ¿ Cuándo nos podemos ver ?

- Te viene bien mañana por la tarde.

- Me viene bien, cancelaré todas mis citas, pero antes me tendrás que decir donde.

- En la plaza de nuevo centro a la seis de la tarde, ¿Te viene bien?

- Perfecto esta al lado de mi casa.

- Entonces hasta mañana - se despidió ella.

- ¿Podríamos seguir hablando?

Ella hizo una pausa

- Mañana, pues cuando hablemos quiero mirar esos ojos que me han cautivado y a través de los que nos hemos conocido- y dicho esto colgó el móvil. 

 Después de aquella corta conversación, ya sabía que no podría vivir sin ella.

Aquella noche tuve un sueño erótico, en el que hacíamos el amor en un ascensor, todo iba perfecto hasta que al final su rostro se descomponía y se llenaba de gusanos. Me desperté empapado en sudor y con la respiración entre cortada. 
Mi sueño podía significar tantas cosas, que la verdad no quería profundizar en él, aun así llegue a la conclusión que las cosas buenas pueden tener un final desastroso, pero eso ya se vería.
El tiempo paso rápido y ya se acercaba la hora. Me vestí con las mejores ropas que tenía. Me puse la radio para animarme y que el tiempo aun fuera más rápido. En la radio empezó a sonar la siguiente canción:

" A veces me siento un poco extraño
dando vueltas por la habitación.
Mi cerebro se toma unas vacaciones
para hacer más sitio al corazón.

Por un beso, cariño, juro
que te lo daría todo
porque tú eres una habladora, caminante
razón para vivir.
He de perder la cabeza por ti... "




 No sabía de quien era la canción, pero su letra me pareció la más apropiada para la situación y para los sentimientos que yo tenía en mi interior.

Era la hora y allí me encontraba en aquella plaza, como un farol, todo guapo y reluciente, que quiere atraer a todos a los insectos a su luz, aunque aquel día mi objetivo era solo uno. Se hicieron las seis y ella no apareció, empezó a pasar el tiempo que me pareció como si fueran losas de piedra que me caían encima, las cuales me sepultarían y no me dejarían respirar. Comencé a ponerme nervioso y como me suele suceder en estos casos un odio incendiario me carcomía por dentro. Era el enamorado burlado, allí plantado. Me la imaginaba a ella junto a sus amigas riéndose de mí desde algún rincón desde el que me observaban, y no solo eso seguro que tendría novio y estaba junto a ella. Paso una hora y no había aparecido. Espere otra media hora y ya cansado, cabreado y disgustado me encamine hacia mi casa.


Cuando volvía me acorde que tenía su numero de móvil, y que podía llamarla y pedirle explicaciones, pero también sabía que si oía su voz me rendiría rápidamente, y cualquier excusa le serviría para que me arrodillara a sus pies. así que no lo hice hasta llegar a casa.

- Diga - dijo una voz masculina desde el otro lado del aparato, lo cual me enfado aun más.

- ¿Esta Ainhoa? 

- No, y no creo que volverá jamás.
Aquellas palabras me estaban confundiendo y me mosqueo de repente desapareció, tímidamente pregunte.

- ¿ Por que ? 

- Porque ella ha fallecido esta tarde atropellado por un autobús cuando se dirigía a una cita.

Fue como si el mundo se convirtiera en un fundido en negro, las lágrimas comenzaron a brotar como nunca lo habían hecho antes en mi vida. Al otro lado del teléfono seguían hablando, pero yo solamente oía un ruido lejano que no me decía nada. El dolor que sentía era indescriptible, no podía creer que aquello que nos había unido nos separaba de aquella manera. Colgué el móvil y estuve toda la noche llorando.



Al día siguiente volví a llamar para enterarme cuando era el entierro y de alguna manera darle un último adiós. Una vez tuve la información me presente en una sala del crematorio. tras mis gafas oscuras tenía los ojos rojos de tanto llorar. Que sentido tenía la vida si cuando conseguís conocer a alguien maravilloso, aunque solo hubiéramos cruzado tres palabras, te lo quitaba de forma tan cruel. Realmente nunca sabré cómo era su carácter, ni si lo nuestro hubiera llegado algún lugar, pero una cosa estaba seguro y es que siempre la amaré.
Estuve allí hasta que vi como el ataúd que contenía su cuerpo fue introducido en la incineradora, donde todo sería quemado salvo su alma que esta encerrada en mi corazón. Cuando estaba a punto de marcharme, pues no podía soportar más aquello, alguien dijo mi nombre y me gire rápidamente, pues creí oír la voz de ella pero fue solo una ilusión. Cuando me gire había ante mi una chica rubia que tenía algo entre las manos.

- Tú eres Alex.

- Si soy yo, ¿Y tu quien eres?

- Mi nombre no importa, solamente quería darte esta carta que Ainhoa no te pudo entregar.

La mire extrañada, no sabía por qué me conocía así que tuve que preguntar.

-¿ Cómo sabias quien era yo?

- Ella no hacia más que hablar de ti, por favor no me hagas hablar más, esta situación está siendo muy dolorosa.

Se dio la vuelta y se marchó.

No podía abrir la carta en aquel lugar tan triste, pues no me parecía el lugar correcto para leerla, así que me fui a casa, pensando que allí encontraría el valor para abrirla. Durante horas estuve mirándola, atraído por la tentación de abrirla, pero al final no sé por qué no lo hice. simplemente la deje allí abandonada sobre la mesita al lado de mi cama.

Ahora todos los días bajo a la misma hora a coger el autobús, pensando que algún día la veré pasar, como si nunca hubiera pasado nada, como si aquella bestia roja que nos hizo conocernos, nunca le hubiera arrebatado la vida, pero no es así, por eso me toca volverme a caso solo y soñar con ella pues la vida son sueños que aveces se cumplen. Y entre autobuses y sueños mi vida transcurre esperando que algún día estos se cumplan.

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