jueves, 9 de marzo de 2017

Western y Pasión : Ennio Morricone


 El otro día alguien me dijo que si una música te inspirara es porque has visto antes la película. El comentario me hizo reflexionar si esto podría ser cierto, así que me puse a escuchar música al azar y de repente me di cuenta de un detalle si hay un compositor de música de cine con el cual no es necesario ver la película para saber que se trata, ese es Ennio Morricone. 

Sus composiciones engloban todo un género y no solo una escena de una película, si quieres ser vaquero escucha su música súbete a un caballo y te dará igual donde sonaba la canción pues esta hecha para esa escena de tu vida.

Este compositor nació en 1928 en el barrio del Trastevere de Roma. A los nueve años, ingresó en la Academia Nacional de Santa Cecilia de Roma, donde estudió trompeta y composición. También estudió música coral y dirección de coros. Al mismo tiempo, trabajó como trompetista en varias orquestas en Roma, formándose así con un carácter eminentemente práctico y creándose una red de contactos en el mundo del entretenimiento.
Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial y en los años venideros, lo que más abundaba en Italia era la hambruna, Morricone la padeció y ello le inspiró para realizar las bandas sonoras de las películas que estaban ambientadas en ese período.
Después de obtener el título de trompetista, inició su carrera como compositor, dedicándose particularmente a la música vocal y de cámara. Su producción “culta” abarca piezas corales y de cámara. Durante la década de 1950 completó su formación de la mano del gran Godofredo Petrassi. En 1955 comenzó a arreglar música para películas, actividad que interrumpió por su servicio militar.
En 1958 aceptó un empleo como asistente de dirección para la RAI, pero el primer día de trabajo abandonó. En lugar de eso, y todavía influido por el vanguardismo de su maestro Petrassi, se matriculó en un seminario impartido por John Cage en Darm-stadt.
Es difícil saber qué hubiera sido de la posterior carrera de Morricone si las circunstancias lo hubieran convertido en otro de los compositores italianos de vanguardia durante la década de 1960. Pero por suerte la historia quiso que en 1961, compusiera su primera banda sonora para el cine. Se trataba de la música para la película Il Federale, de Luciano Salce. En 1964 comenzaron sus colaboraciones para Bernardo Bertolucci y Sergio Leone. Curiosamente, fue el cine de este último el que le dio fama.
Ennio Morricone y Sergio Leone fueron compañeros de colegio (Leone no lo recordaba hasta que no vio una fotografía que lo demostraba), después de su infancia, volvieron juntos, esta vez, profesionalmente desde 1964. 
Durante el mismo período Morricone comenzó a colaborar también con Bernardo Bertolucci. La primera banda sonora fue para Leone, que escribió para la película Por un puñado de dolares, seguido de La muerte tiene un precio, El bueno el feo y el malo, Hasta que llego su hora. Una colaboración que duró hasta la última película de Sergio Leone, Érase una vez América.

Aquí voy a hacer un pequeño inciso, al nombrar la banda sonora de la película Por un puñado de dolares, me recuerda a mi juventud. El pasillo de la casa de mis abuelos, mi hermano a un lado yo al otro, terminábamos de ver la película y ya nos retábamos a un duelo mientras en nuestra cabeza sonaba la música de la película, el desenlace de dicho combate quedara en los anales de la historia como el castigo que recibimos después.


La creciente actividad cinematográfica le haría abandonar a finales de la década la faceta “culta” de su producción, sobre todo a raíz del estruendoso éxito de la música para El Bueno, el feo y el malo de Sergio Leone. La fórmula de Morricone era tan sencilla como efectiva: orquestaciones poco densas, pero con un sonido seco y transparente que años más tarde inspiraría a muchas bandas de rock, temas que se clavaban inmediatamente en la memoria del oyente, y un enorme respeto por la trama y los personajes del filme. A partir de 1970 inició una nueva actividad, la pedagógica. Maestro de composición en el Conservatorio de Frosinone. Esta etapa favoreció un cierto retorno a su faceta de autor, en forma de una colaboración con el Studio R7 de Música Electrónica.
Un año más tarde, después de trabajar siempre en Europa, aceptó un encargo americano, concretamente del gran Edward Dmytryk, para quien compuso la música de El factor humano. Su relación con Estados Unidos nunca fue positiva: el estilo de vida estadounidense no le atraía en absoluto, se negó a instalarse en Los Ángeles y, más aún, a aprender inglés. Aun así, fue nominado cinco veces al Oscar, la primera en 1979 por el wéstern Días del cielo.
Después de veinte años de una gran actividad, lo que implica una producción de calidad con altos y bajos en 1983 se convirtió en miembro del Consejo de Administración de la asociación Nuova Consonanza, dedicada a la música contemporánea, y redujo drásticamente su producción para el cine. A pesar de ello, tuvo tiempo de firmar en 1984 la que muchos consideran su mejor partitura: la banda sonora de Érase una vez América, el último película de su amigo Sergio Leone.



En 1986 fue nominado por la banda sonora de La Misión, pero sorprendentemente tampoco se llevó el Oscar, una decisión por parte de los miembros de la Academia de las Artes y las Ciencias de Hollywood que hoy aún le resulta incomprensible a Morricone y a mí. Escucharla y luego buscáis la que gano y dar una opinión.



Dos años más tarde volvió a quedarse a las puertas de la gloria con una tercera nominación, por Los intocables de Elliot Ness, de Brian de Palma. Aún volvería a ser nominado en otras dos ocasiones: en 1992, por Bugsy de Barry Levinson y en 2001, por Malena, de Giuseppe Tornatore.

Volcado hacia finales de la década de 1980 y la primera mitad de la década de 1990 en su producción culta, Morricone recibió un auténtico rosario de premios, homenajes y reconocimientos en forma de programaciones y ciclos de conciertos a lo largo y ancho de toda la geografía italiana. La culminación fue la concesión, por iniciativa del primer ministro Oscar Luigi Scalfaro, del título de Commendatore dell’Ordine Al Merito della Reppublica Italiana en 1995.

Sorprendentemente, en la edición de los Óscar de 2006, Ennio Morricone recibió por fin una estatuilla por parte de la Academia, en reconocimiento a su inmensa carrera. Un premio que llegó cuando Morricone ya no lo necesitaba, pero que, según reconoció, “finalmente me lo quedaré”.

En 2016 recibió el Óscar en la categoría de Mejor banda sonora original por la película 'Los Odiosos Ocho', después de haber sido nominado seis veces en esta categoría en ediciones anteriores, convirtiéndose así en el galardonado más longevo en dicha categoría en la historia de los premios Óscar.

Pensaba dejar de escribir sobre Ennio Morricone, pero de me di cuenta de me estaba dejando muchas bandas sonoras que me han marcado de este autor y a las cuales no puedo dejar de hacer referencia, sobre todo a dos en especial. Cinema Paraíso de Giuseppe Tornatore y Novecento de Bernardo Bertolucci.
La primera me sirve para amar y la segunda me empuja a luchar, pero esto son solo apreciaciones personales. Escucharlas y luego cada uno que saque su opinión.




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