viernes, 22 de marzo de 2013

Vidas Pasadas




Nacemos en un mundo en el que nadie nos ha pedido permiso para nacer. Vivimos una vida que a lo mejor no es la que nos gustaría vivir. Vemos la luz en una época que no es la nuestra, añorando otros tiempos y otros lugares. Sentado en aquel bar y como siempre con una copa en la mano empiezo a filosofar solo, ya que en estos días nadie quiere hablar de la vida y menos con un borracho que ha decidió dejar esta en manos de la suerte de una botella. Dónde están aquellos tiempos donde un hombre entraba en una taberna y podía conversar con todo el mundo sobre el sentido de la existencia sin  importarle a nadie si estabas borracho o lucido, si eras pobre o rico, lo único que la gente quería era conversación sobre las cosas cotidianas y transcendentales de la vida.
Levanto mi copa por última vez antes de abandonar aquel antro, acercó el vaso a mis labios y saboreo el licor en mi lengua y el ardor del alcohol en mi garganta. Cuando apuro la bebida veo una figura a través del fondo del vaso, estaba distorsionada por el efecto del vidrio, aun así mis ojos creen que conocen aquella silueta. Dejó el vaso sobre la barra y la empiezo a observar. Mi corazón empezó a palpitar rápidamente, aquella chica que allí se encontraba sentada, en algún sitio la había visto, no sabía dónde pero mi yo interior así me lo decía. Mis dedos me decían que ya había tocado su piel blanca, mis labios decían que ya había besado aquellos labios carnosos y perfilados, mis oídos decían que ya habían oído antes el ruido de su pelo negro al rozar con el aire. Siempre había pensado que la vida era como una tela de araña, que todos estamos comunicados entre si ya sea en el presente, en el futuro o en el pasado. Sabía o creía saber que alguna vez estuve enamorado de aquella escultura perfectamente tallada, que su cuerpo había sido mío y que entre sus brazos yo me había perdido.
Algo malo tuve que hacer en otra vida para que ella se encontrara tan cerca de mí y a la vez tan distante en el tiempo.
Mis ojos intentaron ubicarla en alguna época, como si se tratara de aquel juego al que a una figura de cartón le ibas poniendo trajes mi mente la vio vestida de romana, de doncella, de campesina,  de monja.......hice una pausa y por fin me di cuenta  donde encajaba, su cuerpo era un perfecto vestido de los años treinta. Allí es donde nuestras vidas se cruzaron o donde nuestros destinos se alejaron. Todo empezó a darme vueltas y aquel bar de repente se convirtió en una sala de baile, en cuyo centro estaba ella bailando como si nadie estuviera su alrededor como si todos los de allí hubiéramos desaparecido y ella fuera el centro del universo. Aquellas imágenes despertaron en mi antiguos recuerdos olvidados de vidas pasadas. Pero todo sueño o recuerdo tiene un final y este llegó cuando el dueño del bar me recordó que tenía que salir de allí. Mire hacia la mesa donde ella estaba, pero no había nadie, en el tiempo que había estado recordando mi pasado ella había desaparecido. Una tristeza lleno me corazón pero a la vez mi mente me dijo las cosas no suceden porque si, a lo mejor tu destino era volver a verla, sentir lo que sentiste, amar lo que amaste.
Abandone aquel lugar tambaleándome como el borracho que era. Llegue a mi casa y me senté delante del ordenador, el cual estaba encendido, en la pantalla había una hoja en blanco. Mis dedos temblaban por el alcohol, y mi cabeza daba mil vueltas, haciendo que la habitación girara a mi alrededor. Suspire profundamente y los finos hilos que enlazan el presente con el pasado dirigieron mis dedos al teclado y escribí las primeras letras recordando su baile y a partir de aquí no pude parar pues mi vida y su vida en algún momento estuvieron enlazadas y querían que escribieran lo que fue nuestras vidas pasadas en aquella hoja en blanco recordando lo olvidado.

lunes, 18 de marzo de 2013

Vejez





Sentado en un rincón, olvidado de esta sociedad. El sol quema mi piel arrugada, mientras mis manos ya agrietadas juegan con un chusco de pan. Ante mí, mis únicas amigas, aquellas que hace tiempo pensé que eran ratas aladas ahora son las que me hacen compañía. Nunca había imaginado que aquel seria mi final. Tantos años vividos para acabar abandonado en un banco de aquel parque iluminado que me parecía el rincón más oscuro que había visto jamás. Creía que lo había tenido todo, pero realmente no tenía nada. Trabajar para vivir eso me decía. Cuando llegara mi ocaso disfrutaría de los bienes acumulados, pero nunca había contado que mi cuerpo fallaría, que mis manos anquilosadas me impedirían escribir, que mi cabeza y mis recuerdos una nube de olvido se volvería. Los placeres tuve que olvidar o ellos me olvidaron a mí, pues todos aquello que quería en un soplo de aire volaron aun mundo lejano, al cual mis piernas ya viejas no pueden llegar. Vivimos más eso si, pero para que si la salud y el que nos tendría que cuidar nos deja olvidados, para que me sirve llegar a una elevada edad si luego nadie se hace cargo de mí, pues soy una carga para el mundo y ese mismo mundo no quiere saber nada de mí.
Trabaja me decían que luego recogerás los frutos del árbol pues de este caerán, lo que no me dijeron es que estos no caían por si solos y que yo tendría que alargar el brazo para cogerlos, pero como me pregunto si mi cuerpo ya no me responde, y mi mente tiene un camino y mi ser corporal otro.
Mi vida fue plena puedo asegurarlo, siempre tuve lo que quise aunque nunca llegue a disfrutarlo, pensando que habría un momento para ello.
Olvidado, triste y abandonado el sol calienta mi piel, mis manos dan comida al infinito y el murmullo de las palomas es la única música coral que oigo. Dejarme que me convierta en estatua, y que sea el símbolo en aquel lugar de los viejos abandonados, que soñaron que aquel no seria su triste final.