jueves, 19 de diciembre de 2013

Sabanas de Habitación

                
         Abandonas mi cama como un fantasma en la noche, mientras observo como te pones la ropa lentamente, sin saber que te estoy mirando. La escena me excita y empiezo a tocarme, baja las sabanas blancas, que aun conservaban el olor de una noche de pasión. Primero te pones el tanga, lentamente, rozando tu piel blanca y suave que hace un momento había estado entre mis manos.    
Buscas las medias que habían sido lanzadas, con fuerza perdiéndose en lo oscuro de la habitación.  Tanteando despacio para no despertarme las encuentras, las observas y las tiras al suelo, están rotas lo sé, las rompí con mis dientes para llegar al dulce olor de tu cuerpo, de tu sexo. Me miras y te ríes, sabes lo que había pasado y un escalofrío recorre tu cuerpo recordando mi lengua en tu cueva profunda, sueltas un suspiro y sigues buscando.  Encuentras tu vestido rojo tirado sobre la silla, te lo pones, mientras mis ojos se clavan en tu figura paradisíaca, tus piernas largas y aterciopeladas, que llegan a tus senos perfectos, ahora recuerdo que no llevabas sujetador, que el vestido era tan ceñido que casi tus pechos pedían ser tocados, lamidos, suavizados por mi lengua áspera y húmeda, antes de que abandonaran su hermoso envoltorio.Te acercas a la cama, para darme el último beso de despedida, te das cuenta de que estoy despierto y que mi mano mueve las sabanas, rozas con los labios mi mejilla, besas las arrugas de mi frente, das dos pasos para atrás y mirando hacia la cama me dices:

-Lo de anoche fue hermoso, pero creo que nunca se repetirá, dejémoslo como un dulce sueño, de aquellos que saben volar.


                              Y dicho esto abandonó la habitación de aquel hotel de mala muerte, no me molestaron tus palabras, y tu adiós fue el más hermosas que nunca pude recibir,. Deje de tocarme al instante y me puse a oler la habitación esperando que aun estuviera allí tu esencia, pero ya no quedaba nada, salvo las imagines de dos figuras que saben volar, sin ataduras.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Ruido

                                              
                         Siempre  que puedo huyo de la gran ciudad, buscando un lugar tranquilo, alejado y distante de la realidad. En el campo tengo un lugar que me sirve para olvidarme del humo de los coches y de la contaminación acústica, esa que todos sabemos que esta pero que nos negamos a oír. Me siento y lo preparo todo para estar relajado. Mi silla cómoda, mi paquete de tabaco, mi bebida favorita, buena música de fondo y una buena vista.  Una vez todo preparado ya me puedo relajar, bueno eso pensaba yo hasta que comenzó el espectáculo. Al principio era un ruido lejano, como tambores de guerra que se iban acercando, cuando quise darme cuenta ya tenía al lado al típico joven con sus altavoces a todo volumen, oyendo algo que él considera música pero para mi solo es ruido enlatado, para tener un efecto óptico bajo las luces de neón.  Para su coche, no le puedo decir nada la música es libre y vuela donde quiere, sin limites y sin preguntar si quien la escucha quiere oír aquella notas infernales. Me mira con desprecio, en sus ojos se ve la arrogancia de la juventud, esa que hace tiempo perdí, pero que aun conservo, bueno como se dice en el interior, así que le devuelvo la mirada, como queriéndole decir que se vaya que no me moleste, que no rompa aquel momento de tranquilidad, que su música tiene cuatro ruedas y la mía no, en resumen, que se vaya. No sé si conseguí lo que quería, pero después de un rato mirándome a través de sus gafas oscuras, se monta en el coche, aumenta el volumen y se marcha. No me lo podía creer, que gran victoria, tendré poderes mentales, no lo creo, me reclino en la silla, doy un hondo suspiro y comienzo de nuevo a relajarme, pero como he dicho antes esto solo era el preámbulo del espectáculo. Cuando me acercaba el vaso a mi boca, comienzan los ruidos que yo denomino de reparaciones, sierras, palas, aspersores y todo aquel instrumento que puede hacer un ruido molesto y nada pacificador. Esto me hace pensar que ruidos son los que prefiero y me doy cuenta, la verdad que me gusta el ruido de los gallos, de las ramas rozándose entre sí o con el aire, pero aquellos ruidos desaparecen cuando son engullidos por aquellos que me recuerda a mi vida cotidiana en la ciudad, por mucho que quiera parecen que persiguen y que no quieren abandonarme.

Mejor lo dejo, me fumo me cigarro, me tomo mi bebida de un trago y me meto en la casa que tengo en el campo a ver la tele para no perder la monotonía de los ruidos de la gran ciudad.

martes, 10 de diciembre de 2013

La Estatua

                                     
                       Algún día llegara, mas tarde o más temprano, eso espero, encontrar alguien que no me grite, que no me haga sentirme como un inútil, que valore lo que hago o por lo menos que lo finja. Necesito pensar que no seré una estatua que esta ahí para decorar, que ve la vida pasar sin sonrisas, sin alegrías, solo el sol como único compañero, que calienta su piedra sucia y vieja. Durante años he querido ser libre, un alma que vuela y transmite libertad, pero no lo consigo. Siempre he querido agradar y eso es un gran defecto, pues no eres tu el que se presenta, sino una pantomima sin vida, alguien que piensa que a todo el mundo le cae bien pero del cual todos hablan  cuándo ya no está. Siempre he pensado que era un tipo simpático, incluso gracioso que a la gente caía bien, que gran error él mío. Cada vez lo veo más claro, que por mucho que me esfuerce, por mucho que me crea, siempre la gente murmura. Me doy cuenta, que mi personalidad se pierde entre las sombras, ya no sé quién soy, ni hasta donde quiero llegar, ha llegado un momento que no me encuentro ni cuando me miro al espejo.
 Ando sin rumbo, perdido entre la gente que camina a mi alrededor, al final siempre acabo en el mismo lugar. Todos los días voy al parque y me siento viendo a la gente pasar, pensando si algún día me encontrara y dejaré ser una simple estatua sin más, pues cuando uno es una estatua blanca y fría, ve lo que hasta entonces se ocultaba baja las sombras de los hipócritas que ve pasar.

lunes, 2 de diciembre de 2013

Hormiga


La cabeza sobre los brazos, posada sobre la mesa. El aire era agradable, el sueño de la siesta me había invadido, pero antes de cerrar los ojos, la vi, una diminuta figura delante de mí, era una hormiga. En la posición en la que me encontraba parecía que fuera gigante, lo cual me hubiera asustado, si no hubiera pensado que era un efecto óptico. Una idea me invadió la cabeza, voy a escribir sobre la vida de tan pequeño ser. Cogí papel y lápiz y comencé a escribir hasta que las palabras empezaron a desaparecer, hasta que no supe que poner, pues la hormiga había desaparecido. Cuando creía todo perdido, pues la inspiración me había abandonado, apareció de repente al lado de mi brazo, parecía perdida, desorientada, pero aun así vi que tenía un objetivo, acercase a la hoja en la que yo había escrito sobre ella. Subió por el lateral del lápiz, y me quede mirándola, pensando que si la observaba, ella me podría aportar sentido a mis palabras. Empezó a caminar sobre la hoja, como si estuviera leyendo, ya que entre las letras se desplazaba y parecía que se detenía cuando una no entendía.  Sorprendido, quise ver en ella algún símbolo de aprobación, que levantara sus antenas, cuando algo le gustara o no mostrara su aprobación. Aquellos seres diminutos nunca me habían gustado, su vida ordenada y monótona, con ese carácter militar no me parecía atractiva, pero aquella, en especial parecía la rebelde, la que quería salirse del camino establecido, la que no iba en grupo la que estaba leyendo mis palabras. Me hubiera gustado comunicarme con ella, que me contara, si lo que leía le gustaba o era pura basura. Que lastima no conocer el lenguaje de los insectos, de repente se paró, parecía que ya había acabado de leer o eso me pareció, se bajo de las hojas, miro hacia atrás y se fue. No me dio su opinión, solamente se alejó. La seguí con la mirada para ver donde se dirigía y al cabo de un rato la perdí de vista cuando se ocultó bajo unas hojas.
Cual seria su criterio, nunca lo sabré, lo único que puedo asegurar, es que mis palabras no le gustaron, pues no llego a leerlas todas. Rompí la hoja, después de que su fuera y puse mi cabeza entre mis brazos y cerré los ojos, mientras pensaba que mi literatura a las hormigas no gustaba.

domingo, 1 de diciembre de 2013

Ejercicio

                                          
 Empieza el partido, me siento en el sofá con mi equipación reglamentaria. En una mano la cerveza y en la otra los ganchitos y cerca el mando, para rebobinar y no perderme ninguna jugada importante. Enciendo la televisión, están en anuncios, da igual iré haciendo algo de ejercicio, abro la cerveza y le pego un trago, la dejo a un lado, abro los ganchitos y me meto un puñado en la boca, nadie podrá decir que no hago deporte con los brazos, así durante noventa minutos, en diferentes series dependiendo del hambre y sed que tenga. Comienza........., primera jugada polémica, me levanto y grito a la televisión, pensando que con esa actitud fuera a cambiar algo, pero no es así. Realizo me segundo ejercicio, sentadillas, cada vez que me levanto y me acuerdo de la madre del árbitro, mis piernas se flexionan. Este ejercicio depende de lo bueno que sea el árbitro y de lo que favorezca a mi equipo, aquí no hay series, solo un entrenador personal que lleva silbato.
Pasan los minutos y la cerveza se me ha acabado, me levanto y voy a la nevera. Aquí he cometido un error de logística, tenía que haberme dejado unas cuantas al lado del sofá, ya que hacer más trabajo físico del necesario puede ser malo para la salud, aunque si lo pienso bien este podría ser mi tercer ejercicio, incluso más completo que los anteriores, pues ejercito brazos (levantarme del sofá), piernas (caminar hasta la nevera) y además incluye esprín, ya que si oigo que aumenta el volumen de la televisión, tengo que ir corriendo a ver que es lo que ha sucedido. Podría rebobinar con el mando, pero la emoción de verlo en directo no tiene precio.  Vuelvo a sentarme, pasan los primeros cuarenta y cinco, con los ejercicios rutinarios de brazos, cerveza y ganchitos. Es el descanso y comienza el cuarto ejercicio, me levanto (sentadillas), voy al servicio (camino), me bajo la cremallera y meo. Este ejercicio, en su parte final, sirve para ver la agilidad que uno tiene en los dedos, por un lado bajarme la cremallera y por otra parte encontrarse la polla entre tanta grasa acumulada durante años de sofá. Me dirijo a mi trono, hago estiramientos y cintura antes de sentarme, comienza la segunda parte.
Comenzamos con los ejercicios de brazos, pero le añadimos una dificultad, los ganchitos caen al suelo y se esconden debajo del sofá. Este ejercicio es complejo, pues hay casos documentados que dicen que puede provocar lesiones en el hombro, incluso dislocaciones de este. Alargamos el brazo para poder cogerlos, añadiendo el inconveniente de que no los vemos y que son nuestros dedos los que tocan el suelo. El brazo con el que se realiza esta actividad depende del lado del sofá en el que caigan. Además, hay que mirar lo que te metes en la boca, ya que hay gente que sé a llegado a meter, pelusas de polvo de años allí acumuladas.
Jugada polémica, gritos y ejercicios gesticulares delante de la tele, el árbitro pita penalti, en contra de mi equipo. Aquí en este punto se realizan ejercicios variados e incluso un poco caóticos, flexiones de rodillas, andar en círculos manteniendo un pie fijo, brazos arriba y abajo, movimientos de cuello, a veces se puede llegar a hacer pecho, cuando uno se lo golpea estilo Tarzán. Hay que tener en cuenta que los penaltis tienen el efecto tensión y relajación. Tensión cuando se tira, relajación si se falla e ira si se lo meten a tu equipo, en este caso fue errado (relajación).
El partido se está acabando y el ejercicio que engloba a todos los demás no se está realizando, pero llega una internada por la derecha y.........!!!!!!!GOOOOOLLLLLLL¡¡¡¡¡¡¡¡¡.
Todos los ejercicios en uno, levantamiento de brazos, giros de cintura, salto, carrera corta, flexiones de piernas, esprín (ir a toda prisa al balcón para gritar el gol), en algunos casos dependiendo de la euforia, giros en el suelo y posiciones extrañas que ejercitan músculos que hasta entonces eran desconocidos y por último relajación, levantamiento de cerveza e ingestión de gusanitos.
Acaba el partido, una ducha rápida por los sudores adquiridos y a dormir, que mañana será otro día de duro ejercicio, pues hay liga de campeones y por lo tanto más ejercicio.