martes, 18 de febrero de 2014

La Humanidad

                                        

                   No creo en nada, pues a veces creer es mentirse, es la acción de esconderse bajo las faldas de un ente divino, creyendo que algún un día vendrá y solucionara mis problemas. Creer es ocultarse bajo unas oraciones mundanas, esperando que lleguen a oídos divinos. No creo que la luna influya en mi suerte o que el sol indique mi destino o que las piedras del camino, sean capaces de darme la fuerza para seguir viviendo.  A veces pienso que si todo lo que me rodea, emana de la naturaleza, y recarga mi energía, porque cuando estoy en el campo no cambia mi destino y sigo siendo igual de desgraciado que cuando estoy en la ciudad de los grandes rascacielos. Tú me dejaste y mi fuerza te llevaste, abandonado, sin sonrisas, en la cuneta de la carretera como perro abandonado. Este fue el punto donde deje de creer en lo divino y solo vi lo terrenal, comencé a ver el sufrimiento, el hambre, la soledad de miles de personas que gritan un poco de libertad. Hablo con los pobres, con los desahuciados, con los mendigos, con todo aquel que me quiera contar su vida de miserias y soledad.
Sus palabras llenan mi vació, que tu triste y desgraciada sociedad me mostraste, intentando ser una persona que busca su destino entre tanta suciedad. Me dicen que tenga fe, ¿pero en que consiste?, ¿ qué es la fe? Si no es la esperanza divinizada y convertida en plegaria.  Todos tenemos esperanza de llegar a un lugar mejor, de vivir algo mejor de lo que esta burda vida nos muestra o nos da con sus manos callosas y ancianas. Tú me dejaste y no te guardo rencor, pues me enseñaste, lo que nunca quise ver, lo que se ocultaba bajo los mantos de las plegarias.Vi una sociedad que se hunde en la miseria, que se come los unos a los otros por un simple deseo de propiedad. Dejarme entre los olvidados, ya que entre aquellos que rechazáis, yo encontré mi verdad, pues en ellos esta toda esperanza de salvar a esta humanidad, ya que la solución a nuestros problemas no está en las oraciones divinizadas, sino en la naturaleza del hombre, pues solo el hombre puede salvarse si cree en su verdad.