jueves, 17 de octubre de 2013

La terraza

  
Era una tarde de verano y me encontraba sentado en una terraza, dando sorbos cortos a una cerveza. Mis ojos se movían rápidamente de un lado a otro, mirando a las mujeres que con ropa ligera se movían delante de mí. Mi mente pensaba que todas ellas se exhibían para mostrarme sus cuerpos y sus nuevos modelistas del verano. La verdad no era aquella, por mucho que mi mente quisiera, su intención simplemente era ponerse ropa ligera para aguantar el calor del verano. Aun así en mi cabeza se producían los más oscuros deseos carnales, mi imaginación avanzaba más allá de lo visual, montando mil historias eróticas, sacadas de mil películas porno que se movían como imágenes perdidas en una bacanal. Sabía que aquello nunca pasaría, pues las mujeres son un mundo que me gustaría explorar, pero mi timidez y mi poca confianza, me hacían ver que aquellas imágenes que nunca saldrían de las cuatro paredes de mi cabeza. Todas aquellos pensamientos recorrían mi mente sabiendo que al final volvería a casa solo, y que con mi juguete algún trabajo manual tendría que realizar con todas las fotos que mentalmente había recopilado.

Di el último trago a mi vaso medio vació y a través del culo de este pude ver una figura, que hacia mí se acercaba, el cristal la deformaba, aun así sus curvas estaban acentuadas. Estaría soñando, y mis deseos más secretos se estarían cumpliendo o solo era un efecto óptico producido por el cristal del vaso que tenía en mis manos temblorosas. No sabía si bajarlo o mantenerlo en aquella posición esperando que la figura se alejara desapareciendo como fantasma en la niebla de mi imaginación. Baje la mano despacio, no quería parecer una avestruz que esconde su cabeza en el interior de un vaso, no era un sueño, delante mío se encontraba su figura angelical. Retiro la silla hacia tras y poso su cuerpo sobre esta con una gracia que hizo que mi corazón latiera tan rápido, que pensaba que iba a salir corriendo y gritando como un loco.

Allí sentada ante mí se encontraba, mirándome a los ojos con su pelo negro y liso, con sus ojos verdes y su cara que me pareció la de una actriz de los años treinta. No podía gesticular palabra, una fuerza extraña me agarraba la garganta, no permitiéndome decir nada, aunque estaban ahí se negaban a salir. Quería decir mil cosas, pero no me salia ni un simple hola. Pasaron unos minutos, que a mí me parecieron horas, en los cuales los dos nos estábamos observando sin mediar palabra, que esperaba no soy hombre de acción y mi conversación es limitada. Que fácil es ver a los actores de cine, con sus frases ingeniosas, que con un solo gesto o una sola palabra es capaz de sacar una sonrisa.

Ella me miraba esperando a que dijera algo, pero era incapaz, incluso de decir hasta los tópicos que se dicen en estas situaciones. Saque fuerzas de la desesperación y mi boca se dignó a moverse y mis labios esbozaron una sonrisa y mis palabras iban a salir cuando como salido de la nada se acercó una figura y dijo:

--- Hola, ¿eres Ainhoa?

--- Si---respondió ella, en su cara se podía ver que aquella voz le estaba sacando de una situación comprometida.

--- Llevo rato buscándote, me dijiste que llevarías una blusa verde y eres la única de la terraza que lleva una.

--- Entonces tú eres David---dijo mientras apartaba su mirada de mí y la clavaba en la figura allí presente

--- Si---dijo mientras esbozaba una sonrisa que le recorría toda la cara.

Menos mal que nadie se fijaba en mí, pues la cara de estúpido que tendría era digna de colgarla en la red para tener mil me gustas en cuestión de segundos. Ella se giró hacia mí, intente mostrar una sonrisa, que me interior era un mar de lágrimas, ella con una sonrisa de timidez y vergüenza por la confusión cometida dijo:

--- Lo siento, espero que me perdones, pensaba que eras la persona con la que había quedado---

Respondí lo más estúpido que uno puede decir en estos casos.

--- No pasa nada una confusión la puede tener cualquiera---

--- Gracia por entenderlo---dijo mientras se levantaba y se dirigía hacia otra mesa con aquella figura odiada.

Paso un rato hasta que mi cabeza empezó a procesar la información, y un grito desesperado surgió de esta, no se puede ser más estúpido, no encontrar palabras para decir un simple hola, pero que fácil salieron aquellas de despedida...... no pasa nada... como que no pasa nada, se sienta en mi mesa me mira a los ojos, noto que soy la persona que se había imaginado por lo menos físicamente y no soy capaz de decir nada.

Mi mente se quedó en blanco por un instante, que me sirvió para no pensar, de lo cerca que había tenido a una mujer. Me levante, pague al camarero y me dirigí a mi casa realizar trabajos manuales pensando en aquella hermosa figura.

0 comentarios:

Publicar un comentario