lunes, 11 de noviembre de 2013

El relato

                            
 Me levanto de la cama de un salto, por fin he soñado aquel argumento, aquella la idea que necesitaba para poder escribir esas palabras que siempre estuvieron dentro de mí, pero que nunca quisieron salir. Me encamino a la mesa donde la noche anterior había dejado la libreta, sus hojas estaban en blanco, por mucho que le diera vueltas no las encontraba, incluso había llegado a pensar que me habían abandonado y que nunca podría escribir más. Pero esta mañana las tenía atrapadas en la red de mis pensamientos y sabía que cuando me pusiera escribir estas emanarían de mi cabeza, mi mano las copiaría y mi cerebro que no las quería olvidar las dictaría. Sin olvidar ni un solo punto, empece a escribir como un loco, sin olvidar detalle. La muñeca me dolía, pero no quería parar no quería que nada se me olvidase, la inspiración estaba a mi lado y no quería que saliera volando. Mientras escribo las lágrimas brotan de mis ojos, ya que palabras tan hermosas seguro que jamás fueron escritas en un papel en blanco. Por fin llego al final, una emoción recorre todo mi cuerpo cuando escribo las ultima letra. Ya estaba, aquellas que yo pensaba que eran grandes palabras que igual que a mí me llenaban el corazón también lo harían a quien las leyera. Con la libreta en una mano y con el pecho más hinchado que el de un palomo, llamo a una amiga para que quedásemos esa tarde. Ella era muy critica y sabía que su aprobación era el mejor examen que podría pasar. Suena el teléfono y me lo coge, como un niño con zapatos nuevos, le cuento emocionado lo que me ha pasado y que tengo entre mis manos lo que desde años estaba buscando.  Después de oírme y dejarme hablar, me dice que esa tarde no podía quedar, que tenía muchas cosas que hacer, que se lo mandara por correo electrónico y que ya me daría su veredicto. Una tristeza invadió mi corazón, como podía ser que oyendo ella mi emoción pospusiera el momento de la lectura para otro instante. Daba igual no quería enfadarme, contento estaba con mi creación para ponerme a discutir. Me despedí de ella y le dije que esperaría sus alabanzas o criticas, colgué. Supongo que hay más gente con la que pudiera compartirla, así que llame a mi hermano otro gran critico, pero más de lo mismo, no sé si no supe transmitir mi ilusión, pero mil escusas me pusieron para al final decirme que se lo mandara por correo electrónico.
 Me quede un rato sentado, pensando en que no necesitaba la crítica de nadie para publicarlo. Lo leí varias veces y su resultado me gustaba, me puse delante del ordenador y copie cada palabra del papel a la pantalla del ordenador, no cambie nada, pues tal como estaba me parecía bien, solo pase el corrector ortográfico, para que no dañara la vista de quien leyera el relato, aun así alguna falta se escaparía.Le mande un correo a mi amiga y a mi hermano, con la ilusión de quien manda un regalo y espera una contestación de admiración a corto plazo. También lo publique en mi página web y en cualquier plataforma que pudiera ser leído, ahora a esperar a el me gustas, a las criticas o a cualquier comentario que la gente pusiera, quería que mi texto se leyera que la gente supiera que existía, que por fin había escrito algo que merecía la pena, apago el ordenador y espero.

Pasan los días y nadie pone nada, tampoco mis dos críticos dicen nada, pensé en llamarlos para preguntarles, si lo habían leído, pero tampoco quería que lo leyeran por compromiso y dijeran la típica frase con desgana....... Si, si está muy bien......y de ahí no pasara. Deje pasar el tiempo y el silencio era la única respuesta que encontraba.  Al final tome la decisión, borrar mi relato, pasarlo al mundo de las palabras perdidas, aquel que solo el autor sabe que existe. Borre toda huella de Internet y si hubiera podido los mensajes que había mandado para llevarlos a la papelera de reciclaje de donde nunca tenían que haber salido. Como en un ritual sagrado arranque las hojas de la libreta y las puse en un cuenco y las prendí fuego, y mientras las veía consumirse entre las llamas vi a las letras llorar. Mientras se consumían abrí una botella de alcohol, y me serví en un vaso un trago generoso como despedida a aquellas cuatro hojas, que acababan de desaparecer del mundo real, para pasar al mudo de los sueños de donde habían salido y no tuvieron que abandonar.  

9 comentarios:

  1. Muy triste! Supongo que así pasa cada vez que uno escribe, con la ilusión de ser leído y que no pase nada.
    Entiendo perfectamente ese sentir.

    ResponderEliminar
  2. Muy triste! Supongo que así pasa cada vez que uno escribe, con la ilusión de ser leído y que no pase nada.
    Entiendo perfectamente ese sentir.

    ResponderEliminar
  3. ciertamente es la pesadez, que llevamos lo que buscamos palabras y no encontramos, y cuando las encuentras vuelan y se alejan.

    ResponderEliminar
  4. En realidad nuestras ilusiones no siempre están en sintonía con los demás ¿verdad?, ¿cuantas veces ponemos en nuestro trabajo todas las expectativas? ... en fin después de unos cuantos desengaños uno suele acostumbrarse. Feliz semana Carlos!

    ResponderEliminar
  5. Un texto realmente precioso, y con el que me siento realmente identificada. Hace poco más de un año que tengo mi blog, y al principio si no tenía muchas visitas me preocupaba, si nadie me comentaba también y esperaba tener la aprobación de algunos de mis amigos antes de publicarlo. Pero llega un momento en que te das cuenta que nada de eso importa, que muchas veces lo que para nosotros es importante para otro son "tonterias", y que si las palabras han llegado a emocionarte a ti ha merecido la pena y merecen quedar ahí plasmadas para que algún día, alguien con tus mismas inquietudes las lea y te de el reconocimiento que mereces. :)
    Te invito a pasarte también por mi blog
    http://mimundoymisideas.blogspot.com.es/
    Un saludo
    Neus

    ResponderEliminar
  6. Gracias por tus palabras, esta claro que todos los que escribimos letras, alguna vez así nos hemos sentido. Un saludo.

    ResponderEliminar
  7. Hola Carlos.
    Acabo de aterrirar en tu blog. Me ha encantado este relato y lo he sentido muy familiar ¿por qué será? Totalmente de acuerdo con el comentario de Neus. Yo hace solo unos meses que tengo el blog y veo que lo que yo siento es un sentimiento común a todos. Creo que nuestro premio no está en el reconocimiento de los demás, sino en lo que disfrutamos escribiendo.
    Te invito a pasar por mi blog y leer "Un climax especial", está dedicado a todos vosotros. Un abrazo y, por favor, no vuelvas a quemar lo que escribas ¡compártelo con nosotros! A mí me ha encantado. Gracias!

    ResponderEliminar
  8. Gracias a ti por tus palabras . Un saludo Ana Palacios

    ResponderEliminar