lunes, 19 de octubre de 2015

Mar


Camino en tus brazos
de mujer forzuda.

Nado en tu vientre
de sal marina.

Me sumerjo en tus piernas
de húmedas cuevas
que me hacen perder la razón.

Meces mis sentidos
con tus largas mareas
que la luna baña,
como mantas de luna.

Tu serenidad es mi calma
tu furia mi desgracia
pues en tus largas manos
me manejas y me destruyes,
como si fuera un insecto
en las manos de un gigante.

 Y aun así te quiero, te añoro,
pues entre tus olas blancas de espuma
me quiero perder, 
pues no hay mejor manera
que morir que acunado
por tus dulces sonidos de sirena.

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