domingo, 21 de febrero de 2016

Trilogía de Cine ( La sala, el solitario y los amantes ). LA SALA


Hace años, yo era la diva, la gran protagonista. Ahora soy un lugar donde se proyectan cientos de películas al año, algunas de las cuales no duran ni dos días en mis telas blancas. Aun recuerdo aquellos momentos de grandeza, y como  ante mis ojos se extendían cientos de butacas vacías, que poco a poco se iban llenando con gente, que esperaban que la luz se apagará para que se proyectarán imágenes, que los trasladará a lugares en los que nunca habían estado, a circunstancias que nunca les iba a pasar y amores que nunca llegarían a tener.
Aun recuerdo, los pasos sobre el suelo, el olor de los diferentes aromas que la gente desprendían, y como se colaban por los poros de las paredes embriagando aquel lugar. Como sus voces se levantaban por todas partes, hasta que la luz se apagaba y un silencio lo envolvía todo, pues todos los presentes sabían que el espectáculo iba a comenzar. El olor de las palomitas, los sorbos en los refrescos, todos ellos recuerdos que comenzaron a desaparecer como si de un sueño se tratase. Un sueño lento y agónico, pues mis viejos ojos veían, como cada vez que la luz del proyector  se plasmaba en mi cuerpo, cada vez había más butacas vacías. Daba igual que mundo de fantasía, que se plasmara en mi pantalla blanca, el numero de lugares vacíos, aumentaba sin parar. Un día cuando me desperté, para empezar la sesión, las butacas estaban vacías, las luces no se encendían, algo raro pasaba, seguramente habría llegado mi final. Pasaba el tiempo y nada cambiaba, solo el polvo que se acumulaba en todas partes, como un recordatorio, de que era un espacio vació, un lugar abandonado. Mi tela se fue agrietando y los asientos se fueron pudriendo por la humedad y el abandono.


Un día la luz se encendió, y una gran alegría recorrió todo mi ser, por fin el espectáculo iba a empezar. Pero solo habían tres personas, con unos papeles en las manos y señalando todo el lugar.
Un escalofrío recorrió todas la paredes, y un temor invadió mi mente. Por favor me dije que no me vengan a derribar, que no tiren mis paredes y que el sol invada aquel lugar.
Si hubiera tenido manos los dedos hubiera cruzado, mientras veía como aquellos hombres elegían mi destino entre planos y palabras.
Al cabo de un tiempo empezaron las obras, que alivio cuando vi que no me iban a derribar, las cuatro paredes que formaban mi cuerpo. La alegría no duro mucho, cuando vi como arrancaban las butacas, que habían sido mis hermanas durante tanto tiempo, como rasgaban mi tela blanca y levantaban paredes y escaleras donde antes no habían estado. Se puede interpretar como cobardía pero preferí encerrarme en mi mismo y abrir los ojos cuando todo hubiera terminado. Que seria cuando volviera a la realidad ¿ Unos grandes almacenes?, ¿ Un supermercado? o ¿ Un almacén sucio y desordenado ?. Pasó el tiempo y al final decidí abrir los ojos, ver en lo que me habían convertido, si tuviera corazón, un corazón real y no un sentimiento, su ritmo hubiera sido frenético hasta el punto de salirse de la paredes que eran mi cuerpo, abrí la mente y allí estaban, unas cuantas butacas, en una pequeña habitación que perdía todo el glamour de lo que había sido. Si tuviera boca un suspiro hubiera soltado y mi corazón se hubiera detenido en su loco palpitar. Seguía siendo una sala, menos mal, con un lienzo más pequeño y en un reducido lugar. Al principio sentía alegría, pero poco a poco la tristeza me invadió , ya no oía aquellas cientos de voces y aquel olor de humanidad. Mi cuerpo era más pequeño y aunque me sentía solo, sabía que de mi cuerpo hijas habían crecido, y que en sus pequeñas pantallas también películas habían, pues sentía su presencia y a la gente murmurando en ellas. Sentía la añoranza de ser la única, sentía egoísmo, pues nadie se acostumbra a  ser la protagonista a pasar a una simple secundaria. Ahora soy una multisala, con unas cuantas hijas, en las que se proyectan sueños y fantasía. No se como de grandes son, pero yo me siento pequeña y abandonada, recordando tiempos pasados.


Hoy es un día normal, las luces están encendidas y los trailers va a empezar, nadie a entrado todavía y la película va empezar, La puerta se abre y un hombre solitario entra, con la mirada triste y un cubo de palomitas, con su correspondiente refresco. Se sienta en la cuarta fila, de las ocho que tengo. La película va comenzar, el hombre se reserva las palomitas, para la película, mientras toma sorbos largos del refresco, mirando a su alrededor, dándose cuenta que está solo. Que triste me encuentro solo con un hombre solitario, cuando antes cientos de personas reían y lloraban en mi interior. Las luces se apagan y comienza el triste espectáculo de una sala vacía, justo en ese momento entran en la sala dos jóvenes cogidos de la mano, que se sentaron al final de la sala, el hombre se giro y los miro, volviendo a continuación la mirada a la pantalla con melancolía en los ojos. Los amantes se colocan y comienza su ritual, ese que tantas veces habré visto en la oscuridad de mi lugar. Cierro los ojos, dejó que la luz del cine invada mis sueños y proyecte sus imágenes. Son pocas las personas, y casi no puedo sentir su emoción, así que me hundo en mis recuerdos más profundos y empiezo a recordar cuando era una única sala, cuando era la diva del lugar.

0 comentarios:

Publicar un comentario