sábado, 9 de julio de 2011

Poesía en tu boca



La luz que entraba por la ventana era tenue. Tú te encontrabas frente a mí, tus ojos tenían un resplandor especial, mientras recitabas poemas que leías de Internet, no sabía lo que pensar de la escena, pero me parecía hermosa, como si un aura cubriera tu cuerpo e iluminara la habitación. Tu cabello negro, tus hombros al descubierto y tus labios moviéndose de forma rítmica sacando palabras que no eran tuyas pero que encajaban perfectamente, en tus labios. Tus ojos no se apartaban de la pantalla igual que los míos no se quitaban de ti. Cuando terminaste de leer, levantaste la mirada y me miraste con orgullo pues aquellas palabras eran dulces y tiernas, y despertaban en ti sentimientos olvidados pero que seguían escondidos en lo profundo de tú memoria. A tu espalda se encontraba la chimenea y maldecía que no fuera invierno, para que esta estuviera encendida, y que después de leer aquellas palabras necesitarás abrazarte a mí y poder sentir tu cuerpo entre mis brazos, en un intento de entrar en calor mientras las palabras leídas retumbaban en nuestro cerebro, y nos mirábamos con deseo y terminábamos haciendo el amor frente a la lumbre encendida. Aquello no podría ser, aunque mi imaginación volará más lejos de las estaciones, pues era verano y ante la naturaleza uno no puede pelear. Bajaste la mirada y continuaste recitándome poemas, mientras yo te miraba. Detrás de ti ya no había una chimenea sino un campo cubierto de flores y unas hermosas aves cantando. Borre aquella imagen de mi cabeza pues me pareció una escena de cuento de hadas, bonita sí pero demasiado pomposa. Intente imaginarme con muchos fondos que cuadraran con la escena, pero no encontré ninguno que se ajustará, hasta que me di cuenta de que no era necesario seguir buscando pues lo tenía ante mí. Era la chimenea, que aunque fuera un objeto del invierno seguía siendo la imagen más hermosa aunque hiciera calor. Y pasó el tiempo mientras tú seguías leyendo y yo te escuchaba, como si fueras un juglar recitándome sus poemas que llenaban tanto mi cuerpo como mi alma. Y el tiempo fue pasando y la noche invadió la habitación, levantaste los ojos del monitor y mirándome me dijiste creo que es hora de cenar no te parece, así que lo apagaste y te dirigiste a la cocina. Yo seguí perdido en mis fantasías y no me di cuenta de que te habías levantado y con voz que parecía salida del fondo del corazón, pensando que te tenía delante dije: Por favor, léeme una poesía más.........

2 comentarios:

  1. Bien podía haberla seguido a la cocina para hacer la cena, je,je,je... Bello texto, el instante más cotidiano y rutinario puede esconder la chispa de la poesía. Saludos!!!

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