martes, 20 de agosto de 2013

La Camarera



                 Agachado me encuentro en la trastienda del bar, escondido entre barriles de cerveza vacíos, que en un descuido del camarero allí fui a parar. No fue casualidad mi elección, sino un plan premeditado para poder observarla sin ser visto, sin que ella supiera que mi mirada la estaba buscando. De esta manera, la podría mirar, sin apartar mis ojos como símbolo de vergüenza, cada vez que ella movía la cabeza hacia donde yo estaba, pues tenía miedo no poder soportar en su mirada algún atisbo de desprecio aun desconocido. Realmente no sé cuáles fueron mis motivos, pero allí me encontraba como un pervertido en busca de su presa.
La verdad es que nunca la había visto por detrás, siempre de enfrente, detrás de la barra del bar.
El no ver esta parte de su cuerpo me hacia imaginar que tendría unas piernas esbeltas como de bailarina... y lo que estaba viendo no se alejaba mucho de lo que mi fantasía había imaginado. En aquel instante me hubiera gustado ser un gran poeta para describir aquello que tenía por encima de sus piernas y las únicas palabras que invadían mi cabeza eran: “menudo pedazo de culo que tiene”.
Ya sé que las palabras son vulgares y no tiene nada de poesía pero cuando salen del interior, refiriéndome al corazón eso no las convierte en poesía. Dejando las reflexiones profundas aun lado y basándonos en la simple pasión, por mi cabeza solo pasaba la idea de acercar mi mano a sus piernas para tocarlas, para subir mis dedos a través de ellas para llegar a su trasero y estrujarlo con la mano... y mil pensamientos más que no voy a describir pues sonrojarían al que leyera mis palabras. Mientras mi mente fantaseaba con aquella escena que casi se estaba volviendo real, una mano salió de la nada y en su culo fue a aparar. Una rabia me envolvió haciendo me casi salir de mi escondite para impedir que otro tocara el objeto de mi deseo, pero algo me lo impidió. Ya sea la vergüenza o la humillación, la timidez o el ridículo no lo sé, solo me quede quieto observando queriendo averiguar quien estaba tocando el objeto de mi devoción. Alce la mirada y pude ver al camarero que había esquivado anteriormente con una sonrisa, que era correspondida por otra de ella. Quería imaginar que la sonrisa de ella era de puro asco y compromiso al sentir que aquel cerdo ponía sus manos sobre ella, pero no era así era de pura complacencia.

El mundo se me cayo encima, mi imaginación me había hecho volar tan alto, que nunca pensé que aquel culo podría ser de otro, supongo que será el problema de no ver a través de las barras de los bares. Mi rabia aumentaba cada vez que veía esos dedos agarrando y sobando su trasero y como ella no apartaba la mano de él.  Al cabo de un rato le apartó la mano y se fue a servir una mesa, ya tranquilo y desolado di un último vistazo aquello que nunca sería mío. No sé cuanto tiempo paso hasta que asumí la situación y mi rabia se desvaneció, decidí que era el momento de irse. Así que aprovechando que la camarera salia un momento de la barra, me moví con rapidez y me dirigí hacia la puerta, sin antes echar una mirada atrás y pensar que tonto es al amor hasta que descubres la verdad que se esconde tras la barra de un bar.

2 comentarios:

  1. Lástima, pero los sueños sueños son.

    Buen ritmo,buena historia en la que uno se adentra con gusto.

    Saludos.

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