domingo, 17 de noviembre de 2013

Las tijeras

                                        
                     La noche era oscura, dentro de la casa no se oía ni un solo ruido, aquel silencio me estremecía el corazón, era raro que no se oyera la fauna habitual de una noche en el campo. No corría el aire y los insectos se habían callado. Sentando mirando el televisor, baje el volumen, era como si el mundo hubiera hecho una pausa. Me dirigí a la puerta, encendí la luz del exterior, y con cuidado abrí la puerta, pensando que en el momento que la abriera algo me saltaría a la garganta y me la arrancaría de cuajo, pero no fue así. No había nada solo la más oscura profundidad y aquel silencio, aquel molesto silencio.  Apague la luz y cerré con llave, una extraña sensación se estaba apoderando de mí, no era miedo más bien un sentimiento de abandono por la ausencia de sonidos. Me volví al sofá, cuando entonces lo oí, de una de las habitaciones, salia un ruido. En un principio sentí un alivio porque algo estaba rompiendo aquel sepulcral sonido, pero un terror recorrió mi cuerpo cuando me di cuenta de que aquel ruido era el de unas tijeras que se abrían y cerraban. No podía ser, en la casa no había nadie salvo yo. Me fui acercando con cautela, el ruido salia de una habitación en concreto, pero no podía ser, en esa estancia hacia años que nadie había entrado desde que ella falleció. Me acerque con cuidado, el corazón me palpitaba muy rápidamente como queriendo saltar de mi pecho para salir corriendo. No sabía lo que habría tras aquella puerta. El ruido de las tijeras cortando se oía más fuerte según me acercaba. Cogí el pomo de la puerta y abrí rápidamente para ver si descubría al causante de mi temor. Gritando para asustar a quien estuviera en la habitación, encendí la luz para descubrir al extraño personaje que estuviera allí con unas tijeras, pero allí no había nadie.
La habitación estaba como siempre, la cama hecha y el polvo cubriendo los muebles, di un rápido vistazo, todo estaba en su sitio, nadie había tocado nada. Apague la luz y cerré la puerta, soltando un suspiro, pensando que lo que había oído era fruto de mi imaginación solitaria.
Nada más cerrar la puerta el ruido comenzó de nuevo. Un escalofrió helado recorrió todo mi cuerpo, no podía ser, había estado en la habitación hace un instante y allí no había nadie. Me fui al comedor y cogí un palo que tenía apoyado sobre la pared para alejar a las visitas indeseadas, y me dirigí de nuevo hacia la habitación. Espere un instante, mientras apoyaba mi oreja sobre la puerta fría y oscura, el ruido de las tijeras no paraba. Entre bruscamente, blandiendo el palo como caballero que defiende sus posesiones y grite:

— Si estas ahí, mejor que salgas, no me gustan las broma.

La respuesta fue el silencio, un silencio tan rotundo que hizo que las piernas me temblaran y casi me cayera al suelo.
Encendí la luz de nuevo, y comencé a registrar la habitación, abrí los armarios, mire detrás de las cortinas, mire debajo de la cama, no había nada, salvo un pequeño detalle, cuando levante la cabeza y mire encima de la cama allí había unas tijeras, llenas de tierra y oxidadas.
El corazón me dio un brinco, callándome de espaldas. Gateando me dirigí hacia la pared, apoyándome sobre ella y con auténtico terror observe aquellas tijeras que habían aparecido de la nada.
Estaba totalmente paralizado. Sentimientos que nunca había experimentado recorrían mi cuerpo, pero algo tenía que hacer, no podía quedarme allí quieto, esperando a que algo sucediera. Así que me acerque, tembloroso casi llorando. Por el miedo que aquellas tijeras producían en mí. Desde una prudente distancia las observe, mi garganta estaba seca y nota que aunque hubiera querido gritar, ni un sonido hubiera salido de esta.
Las estuve mirando durante un largo tiempo, allí paralizado por el terror, hasta que me di cuenta, aquellas tijeras eran las de ella. No podía ser, era irreal que fueran aquellas que ella utilizaba para arreglar sus trapos y arreglar sus vestidos. Era imposible, ya que las tijeras habían sido enterradas con ellas.
 Me levante apoyándome sobre el palo, las piernas me templaban y la cabeza me daba vueltas, mi pasado había vuelto y aquella extraña sensación casi no me dejaba respirar. Salí de la habitación cerrando la puerta. Me dirigí al mueble bar, he intente coger un vaso, no podía las manos me temblaban, pero necesitaba un trago. Así que haciendo acopio de fuerzas agarre la botella que más cerca tenía y di un trago de wiski, con tal ansiedad que aunque me hubiera quemado la garganta, hubiera bebido de ella hasta apurar la botella. Deje la botella sobre el mueble y espere un rato hasta que la bebida me hiciera efecto y los nervios se fueran calmando. Cuando esta comenzó hacer efecto y todo estaba en silencio, las tijeras comenzaron a sonar.
Con la valentía falsa del alcohol en mis venas, la botella en una mano y el palo en la otra entre en la habitación, con la clara intención, que si allí hubiera alguien iba a recibir una soberana paliza, pero allí no había nadie y las tijeras ya no estaban sobre la cama. Registre de nuevo la habitación, saque todos sus vestidos del armario, levante el colchón y lo estampe contra la pared, removí todos los cajones tirándolos con tal violencia que se rompían cuando llegaban al suelo, para obtener el mismo resultado que antes, allí no había nadie.
Me quede parado, solo me quedaba una cosa por hacer y era asegurarme que ella siguiera allí. Salí de la casa y fui al cobertizo, golpeándome con todo lo que se interponía en mi camino, cogiendo una pala con una mano, pues en la otra llevaba la botella, la cual no había soltado en todo el rato y de la cual de vez en cuando le daba un sorbo.
Me encamine a la parte trasera del cobertizo, donde tenía unos campos frutales. Siempre que iba por allí me acordaba del día que la enterré.
La luna era llena y se veía con perfecta claridad, no como ahora que casi no se veía por falta de la luz lunar. No quería volver atrás, no quería coger una linterna que me hubiera facilitado el trabajo, solo quería cavar de una vez, quería que mis miedos desaparecieran, ser el hombre solitario que había sido antes de escuchar aquel ruido infernal.Vi los dos naranjos donde hace un año aproximadamente, había enterrado su cuerpo, Comencé a cavar como un loco que busca un tesoro que no quiere encontrar, deje la botella a un lado y aplicando las dos manos con fuerza comencé a hacer el agujero que me llevaría al infierno de los recuerdos.
Después de un rato, comencé a ver la alfombra donde había envuelto su cuerpo. No quería ver su rostro solo quería saber si las tijeras continuaban allí, así que rebusque bajo esta sin apenas levantarla.
Note sus manos huesudas y un escalofrió recorrió mi cuerpo, pero la bebida que llevaba encima, me daba el valor para seguir buscando, pero por mucho que tocara las tijeras allí no estaban.
Mientras removía la alfombra sentí a mi espalda un viento helado que me erizo los pelos del cogote, algo estaba detrás mío, el instinto me decía que no me diera la vuelta que saliera corriendo como alma que lleva el diablo, pues lo que iba a ver no me gustaría, pero no lo hice y allí me la encontré. 
Mi corazón se paró por un instante, y note que el aire no entraba en mis pulmones, todo mi cuerpo estaba paralizado por un miedo difícil de describir. Llevaba el mismo vestido que la noche que la mate, y una luz blanquecina envolvía todo su cuerpo, sus pies no tocaban el suelo y parecía flotar en una nube blanca. No podía moverme, el sudor recorría todo mi cuerpo, allí estaba su alma ante mi dispuesta a vengarse por lo que le había hecho.
Alargo una mano negra en la que llevaba las tijeras y una voz salida de lo más profundo del infierno dijo:

 — Es esto lo que andas buscando.

Esto fue mi final, un pinchazo en mi pecho presagiaba lo peor. La vida se me estaba escapando, mientras la figura se me acercaba y con un a sonrisa macabra en los labios decía:

 — Es esto lo que andas buscando.

A la mañana siguiente unos labradores encontraron mi cuerpo, el pelo estaba blanco y todos los miembros del cuerpo agarrotados, en una mano una botella y en la otra una pala y sobre mi pecho descubierto unas marcas que decían:

“ Yo fui su asesino”


Y a mis pies unas tijeras ensangrentadas.

3 comentarios:

  1. Hola, te he nominado para el Premio a la Excelencia, los detalles en el enlace,

    PREMIO A LA EXCELENCIA
    http://cosasquepasan-feber.blogspot.com.ar/2014/01/premio-la-excelencia.html
    ¡Salud!

    NOTA: Hay una bonita escarapela que lo certifica, pero no se puede pegar aquí. O yo no sé como hacerlo, ejem.

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  2. No está mal, ahora espero que ganes el concurso, un saludo

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  3. Gracias aunque del concurso fue hace tiempo. Un saludo

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