lunes, 12 de octubre de 2015

Bertolt Brecht

( 1898- 1956 )

Canción de la Prostituta

1
Señores míos, con diecisiete años
llegué al mercado del amor
y mucho he aprendido.
Malo hubo mucho,
pero ése era el juego.
Aunque hubo cosas que si me molestaron
( al fin y al cabo yo soy persona ).
Gracias a Dios todo pasa deprisa, 
la pena incluso; también el amor.
¿ Dónde están las lágrimas de anoche ?
¿ Dónde la nieve del año pasado ?

2
Claro que con los años una va
más ligera al mercado del amor
y los abrazo por rebaños.
Pero los sentimientos
se vuelven sorprendentemente fríos
si se escatiman tanto
( al fin y al cabo no hay provisiones que no se acabe ).
Gracias a Dios todo pasa deprisa,
la pena incluso; también el amor.
¿ Dónde están las lágrimas de anoche ?
¿ Dónde la nieve del año pasado ?

3
Y aunque aprendas bien el trato
en la feria del amor,
transformar el placer en calderilla
nunca resulta fácil.
Pero, bien, se consigue.
Aunque también envejeces mientras tanto
( al fin y al cabo no siempre se tienen diecisiete ).
Gracias a Dios todo pasa deprisa,
la pena incluso; también el amor.
¿ Dónde están la lágrimas de anoche ?
¿ Dónde la nieve del año pasado ?


Canción de la Mujer

1

De noche junto al río en el oscuro corazón de los arbustos
a veces vuelvo a ver su rostro, el de la mujer que amé : mi
mujer, que murió.

2

Hace ya muchos años, y a ratos ya no sé nada de ella, la 
que antes lo fue todo, pero todo se marchita.

3

Y ella era en mí como un pequeño enebro en las estepas de 
Mongolia, cóncavas, con el cielo amarillo pálido y de gran tristeza.

4

Vivíamos en una cabaña negra junto al río. Los Mosquitos
solían perforar su blanco cuerpo, y yo leía el periódico
siete veces o decía : tu pelo tiene un color sucio. O : no tienes corazón.

5

Pero un día, cuando estaba yo lavando mi camisa en la
cabaña, ella se acerco a la puerta y me miro y quería salir.

6

Y quien le había pegado hasta cansarse, dijo : ángel mío.

7

Y quien le había dicho te quiero la condujo fuera y
riendo miró al aire y alabo el buen tiempo y le dio la mano.

8

Como ya estaban afuera, al aire libre, y la cabañaestaba
desierta, cerró la puerta y sentó tras el periódico.

9

Desde entonces no la he vuelto a ver, y de ella sólo quedó
el gritito que dio cuando por la mañana volvió a la puerta que
ya estaba cerrada.

10

Ahora la cabaña se ha podrido y mi pecho está relleno de
papel de periódico y por las noches tumbado junto al río en
el oscuro corazón de los arbustos me acuerdo de ella.

11

El viento lleva olor a hierba en el pelo y el agua grita sin
fin pidiendo calma a Dios, y en mi lengua tengo un sabor amargo.






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